| LA REVOLUCIÓN EMPIEZA CON UN JURAMENTO
Tiempo En el Juego de Pelota, los diputados burgueses reunidos desafían a la autoridad del rey. Juran no disolverse hasta hacer la Constitución. Es la Revolución. Estamos aquí por la voluntad del pueblo y no saldremos más que por la fuerza de las bayonetas”. La frase lapidaria es de Mirabeau, el conde plebeyo, el que lleva la batuta en esa primera fase de los acontecimientos, y es un desafío frontal a la autoridad del rey. Ha comenzado la Revolución Francesa. El proceso que lleva a la rebeldía de los diputados burgueses, épicamente representada en El Juramento del Juego de Pelota, ha comenzado hace sólo mes y medio, con la reunión en Versalles de los Estados Generales. Este parlamento llevaba sin convocarse desde principios del siglo XVII. Luis XIV, paradigma del monarca absoluto, había prescindido de los Estados Generales. Pero la crisis del régimen monárquico y los cambios en la sociedad francesa han obligado a Luis XVI a recurrir a ellos para buscar entre todos una solución. La situación se le va enseguida de las manos al rey. Los Estados son en realidad tres parlamentos diferentes: la Nobleza, el Clero y el Tercer Estado, la burguesía, que se reúnen por separado. Los burgueses plantean cambios políticos y económicos que van mucho más allá de lo previsto. Incluso tienen la osadía de reclamarse depositarios de la soberanía nacional y pretenden redactar una Cons- titución. El 17 de junio el Tercer Estado se autoproclama “Asamblea Nacional”, un término inventado por la eminencia gris del movimiento, el abate Sieyès.Tomando la exclusiva del protagonismo, invitan a Nobleza y Clero a incorporarse a su Asamblea; la mayoría de los eclesiásticos lo hacen. La reacción del rey es cerrar “por obras”el salón de sesiones. “La Historia pintará este instante en el que los diputados, errantes por las calles de Versalles, buscaban dónde reunirse, y el pueblo consternado preguntaba: ‘¿Dónde está la Asamblea Nacional?”. Es otra vez el verbo exaltado de Mirabeau el que ilustra la situación, que efectivamente será pintada por David. Los errantes encuentran una desangelada sala de frontón, El Juego de Pelota, para reunirse. Allí, el presidente de la Asamblea, el astrónomo Bailly –luego guillotinado por Robespierre–, se sube a una mesa y pide a los diputados el juramento de que no se dejarán disolver hasta que no hayan redactado una Constitución. Es el momento de la gran exaltación, la nueva clase dominante, la burguesía, que toma conciencia de su poder sobre la Historia un 20 de junio de 1789.Aunque algunos dicen que solamente una treintena de diputados manejan esta situación, que el resto se encuentra amedrentado por el pueblo que los rodea y los jalea para que sigan adelante en su desafío al rey. Sea cual sea la realidad, la imagen que pasa a la Historia es la heroica, magnífica y fraternal de El Juramento del Juego de Pelota. El cuadro de David es un retrato colectivo de cientos de personas (ver recuadro). Allí está la figura hercúlea de Mirabeau, que desaparecerá al poco tiempo por muerte natural; Barnave, el mejor orador, hermoso como un Apolo, también guillotinado; el impulsor del Terror, Robespierre; el abate Sieyès pensativo, como corresponde al ideólogo, y arriba, en la galería puesto que no es diputado, Marat, que redacta la crónica periodística.
El cuadro nunca será terminado por David, aunque hay bocetos como el que presentamos aquí, magnífico estudio de las anatomías de los juramentados, cuya desnudez refuerza su carácter de héroes de la Antigüedad.
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