| FIDEL CASTRO EMPRENDE LA TOMA DEL PODER
Tiempo "Y en esas llegó Fidel. Se acabó la diversión”. Para el dictador cubano Fulgencio Batista supondría en efecto el final de la diversión, como dice la canción de Carlos Puebla. Aunque nadie podía figurarse que la llegada de aquel yate a la playa de las Coloradas, en la provincia de Oriente, fuese a cambiar la Historia. Los pasajeros eran exiliados reclutados por un joven abogado llamado Fidel Castro. El tal Fidel estaba loco a ojos de cualquier observador objetivo. No era extraño, militaba en el Partido Ortodoxo, cuyo fundador, Eduardo Chibás, se había suicidado en el programa en directo que tenía en la radio. El propio Fidel había demostrado su cabeza caliente en una fallida invasión de la República Dominicana, y luego, el 26 de julio de 1953, en el asalto al cuartel de Moncada. El intento revolucionario fue un sangriento fracaso, pero sirvió para dar a conocer al mundo al abogado Castro, que se defendió brillantemente en el juicio con una gran pieza de oratoria: “La Historia me absolverá”. A partir de ese momento, Fidel se convirtió en el líder del Movimiento 26 de Julio, la organización armada que pretendía derrocar a la dictadura, así llamada en memoria del asalto a Moncada. Exilado en México, Castro concibió invadir por mar Cuba al frente de un ejército liberador. Consiguió un pequeño yate de 18 metros, el Gramma, y hacinó a bordo a 82 locos como él. La travesía resultó infernal, el Gramma se hundió en la costa, y las fuerzas de Batista les estaban esperando e hicieron una mortandad. Al final de la jornada del 2 de diciembre, el comandante Castro tenía un ejército de sólo 12 hombres; su única posibilidad de sobrevivir sería buscar refugio en Sierra Maestra. Sin embargo, Fidel tenía un extraño pacto con la Fortuna. En los peores fracasos, él tenía suerte. En el asalto a Moncada fue uno de los pocos en salir vivo, y tras el desastroso desembarco resultó que entre los 12 supervivientes estaban los mejores, los que más podían contribuir a la difícil victoria. Además del propio Fidel, estaba su hermano Raúl, el hombre de absoluta confianza. Camilo Cienfuegos, un líder carismático capaz de arrastrar a los campesinos. Y el médico de la expedición, un tal Ernesto Guevara, apodado Che. La presencia de Guevara en el grupo era algo extravagante. No era cubano, sino argentino, y no tenía condiciones físicas para la misión, pues padecía asma. Pero un ejército necesita un médico, y era el único que Castro había encontrado. No iba a cuidar de la salud de los demás. El propio Che, que se convirtió en el cronista de la aventura con su libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria, cuenta que encontrándose bajo el fuego enemigo tuvo que elegir entre llevar su botiquín y una caja de munición. Eligió la munición, y con ello cambió su vocación de médico por la militar. La fortuna de Fidel funcionó en ese momento, pues el Che iba a ser el genio militar de la Revolución Cubana, una autoridad de la guerra de guerrillas, comparable a Mao y Ho Chi Min. Inventó tácticas como la de hacer el primer disparo siempre sobre el enemigo que avanzara más adelantado. Al poco, en el ejército de Batista había serios problemas de disciplina, porque nadie quería encabezar las columnas que buscaban a los guerrilleros por la sierra. Era duro y despiadado, como hacía falta para triunfar. Da medida de ello cuando cuenta que un guerrillero soñó que les iba a bombardear la aviación, y al poco sufrieron un ataque aéreo. Como el Che no creía en lo sobrenatural, la explicación que encontró es que el vidente era un infiltrado y por eso sabía lo del bombardeo. Sin más ni más, lo fusiló. Al cabo de dos años, los 12 del Gramma se habían convertido en miles de guerrilleros, la lucha se había extendido desde Sierra Maestra a toda la isla. El dictador Batista decidió aceptar el fin de la diversión en el baile de Nochevieja de 1958. En medio de la fiesta comunicó a sus invitados que “llegó Fidel” y que él se iba. Tomó un avión que tenía preparado y huyó con su familia y sus tesoros.
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