CINCO SIGLOS DE YUGO Y FLECHAS

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Luis Reyes, 04/12/06

Los símbolos franquistas van a pervivir, pese a la Ley de Recuperación de la Memoria Histórica. Pretendía el proyecto acabar con ellos, pero ha sido otro cartucho mojado de la polémica ley. Los poderes locales decidirán.

El más ominoso símbolo del franquismo fue sin duda el yugo y las flechas, por omnipresente (estaba a la entrada de cada población) y porque para muchos republicanos el emblema que llevaban los falangistas en sus camisas fue lo último que vieron en la vida, antes de que les diesen el paseo.

Fue sin embargo un famoso socialista, Fernando de los Ríos, quien dio la idea. Según cuenta Juan Aparicio, pionero del fascismo en España, en 1924 De los Ríos enseñaba a unos alumnos una iglesia granadina en la que se veía la divisa de los Reyes Católicos y les dijo: “Si algún día hubiese un fascismo español, éste podría ser el emblema”.

En 1931, cuando Aparicio participó en la fundación de las JONS, el primer partido español de ideología fascista, propuso el viejo símbolo. A los líderes, Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo, les gustaba la implicación agresiva de las flechas, en consonancia con el espíritu violento de su ideología, pero no el yugo, que parecía signo de sumisión. Aparicio les convenció de que lo era de unidad nacional y de disciplina.

En 1934 las JONS se fusionaron con la Falange de José Antonio, y durante la Guerra Civil Franco obligó a que todas las fuerzas políticas formaran un partido único, el Movimiento. Así, el yugo y las flechas pasó de emblema de un grupúsculo extremista a símbolo nacional.

Franco y los fascistas ignoraban, sin embargo, el auténtico sentido del emblema de los Reyes Católicos, que no era signo de unidad o disciplina, sino una divisa galante, un símbolo amatorio.

En el siglo XV la cultura humanista había alcanzado un alto grado de sofisticación, que alcanzaba también al ámbito político. Los soberanos recurrían a los sabios humanistas para diseñar su figura pública, como hoy se acude a gabinetes de imagen antes de unas elecciones.

Isabel y Fernando, príncipes de Castilla y de Aragón, pretendían ambos la corona castellana. Para evitar una guerra se casaron, en la idea de que sucederían conjuntamente a Enrique IV, hermano de Isabel, como reyes de Castilla. Sin embargo, al morir Enrique IV en diciembre de 1474, Isabel dio un golpe de estado y se proclamó “reina propietaria”. Estuvo a punto de estallar la guerra, aunque finalmente se llegó a la Concordia de Segovia.

Era preciso reparar la imagen de los nuevos reyes, presentarlos como enamorados en perfecta armonía. Fue seguramente Antonio Nebrija, el más importante humanista español, autor de la primera gramática castellana, quien trazó el programa.

En Francia se había puesto de moda que los altos personajes usaran una divisa personal, con contenidos alegóricos o esotéricos, algo mucho más moderno y elegante que los viejos escudos de armas. Luis XII usó como divisa el puercoespín, y su hijo Francisco I la salamandra.

Fernando el Católico ya tenía su propia divisa, escogida por Nebrija inspirándose en la antigüedad. Era el nudo gordiano cortado y el lema “Tanto monta”. La Historia cuenta que en la ciudad de Gordio le mostraron a Alejandro Magno un complicadísimo nudo; se decía que quien lo deshiciese sería el amo de Asia. Alejandro lo cortó con su espada y dijo: “tanto monta”, o sea, da lo mismo cortar que desatar. Posteriormente también se malinterpretó el “tanto monta”, pensándose que se refería a que Isabel y Fernando tenían el mismo peso.

La Reina Católica también contaba con una divisa personal, el águila del Tetramorfo (los cuatro símbolos de los evangelistas), porque había sido proclamada reina el día de San Juan Evangelista, el Águila de Patmos. La impuso en el escudo y, curiosamente, Franco también. Al final, la divisa de inspiración evangélica de Isabel la Católica terminaría siendo la gallina que exhiben los hinchas de fútbol de tendencia ultra en sus banderas preconstitucionales.

Pero volvamos al siglo XV y a la necesidad política de que el matrimonio real parezca de cuento de hadas. Fernando adopta como divisa personal el yugo, que empieza por la misma letra que “Ysabel”, mientras que ésta adopta las flechas, por la F del nombre de su esposo. Y llenan sus reinos con estos símbolos de amor conyugal, imagen romántica de un matrimonio de conveniencia que dura 30 años.

Solamente falta una vuelta de tuerca. A otro humanista, Pedro Marcuello, se le ocurre una divisa personal que sirva tanto para Isabel como para Fernando, porque puede empezar por las iniciales de ambos: “El ynojo, que en Aragón llaman fenojo”.

Si hubiese prosperado la idea y, en vez del yugo y las flechas, el tallo de hinojo hubiese aparecido en arquitecturas, decoraciones, monedas, tejidos, documentos y escudos de las Reyes Católicos, ¿sería hoy un odioso símbolo franquista?

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