| La princesa Nefertiabet ante sus ofrendas de comida. Procedente del cementerio de Giza. Piedra calcárea. Altura, 37'5 cm.; longitud, 52'5 cm. Dinastía IV. 2590-2565 a. C. Museo del Louvre. |
Los colores frescos y la claridad de la composición encantan la mirada y sin embargo, esta estela estaba destinada a ser escondida para siempre, amurallada entre la capilla funeraria y la superestructura (mastaba) que cubría la tumba. Su función era, en efecto, puramente mágica: perpetuar mediante la imagen la toma de posesión de la difunta de las ofrendas indispensables para su supervivencia. La dama extiende la mano hacia una bandeja cargada de rebanadas de pan. Los jeroglíficos de los diferentes platos aparecen repartidos alrededor de la mesa: costillas, pierna de cordero, aves; arriba a la derecha se ven listas de otros bienes de consumo útiles, como aceite, polvos para acicalarse, ropa interior. Sobre su cabeza, los jeroglíficos designan a la difunta como "la hija del rey, Nefertiabet", una princesa de la época del faraón Kheops. Los descendientes y herederos de los dueños de las tumbas estaban obligados a abastecer a éstos de los alimentos y bebidas necesarios para su subsistencia, pero para el caso de que no fuera así, el arte y la escritura tenían recursos mágicos para suplir aquella falta. De ahí la presencia en las tumbas de la escena de la mesa, bien abastecida de todo tipo de manjares. |
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