Paleta "Libia". Altura, 19 cm. Procedente de Abydos. Principios de la I dinastía. Museo Egipcio de El Cairo.
Esta pieza es la parte inferior de una paleta que debió tener la misma forma, y quizás las mismas dimensiones, que la paleta de Narmer. Por faltar la parte donde estaría el espacio sin decoración reservado para los cosméticos no se puede precisar cuál es el anverso y cuál el reverso de la paleta.

Una de las caras muestra tres registros con filas de animales agrupados por especies. En la parte inferior, unos árboles que los expertos piensan que son olivos. Lo que más tarde caracterizará el arte egipcio se puede encontrar ya aquí en germen, como esas filas de animales, presentes en los relieves de las mastabas, en las que, de tanto en tanto, uno vuelve la cabeza en otra dirección, para romper la monotonía.

A la derecha de los árboles hay dos jeroglíficos que forman el nombre de Tjehenu, que designaba Libia y las regiones al este del Delta. Por ese motivo se llama a esta pieza la Paleta Libia.

La otra cara de la paleta presenta, en dos niveles, siete ciudades fortificadas con sus bastiones. Cada una contiene un jeroglífico con el nombre de la ciudad: una lechuza, un pájaro con cresta, un par de luchadores, un escarabajo, un par de brazos, una choza de cañas y un arbusto. Cada ciudad estaba coronada por un animal simbólico, de los que sólo quedan cuatro: un halcón, un león, un escorpión y una pareja de pequeños halcones en perchas. Probablemente representan distintos aspectos del mismo poder real o divino. Desde 1879, fecha en que se publicó la primera descripción de esta pieza, se asume que estos animales están representados en el acto de destruir las ciudades, que se suponen libias por el hecho de estar incluido el nombre de esta tierra en la otra cara de la paleta. De este modo, la paleta sería la conmemoración de victorias militares.

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