ANTONIO ABAD

VIDA Y LEYENDA

Según la leyenda, habría nacido hacia el 251 en Egipto y muy joven se retiró a la soledad del desierto. Hacia el final de su vida, visitó a Pablo el ermitaño, superior de los anacoretas de la Tebaida, milagrosamente alimentado por un cuervo que ese día llevó en su pico doble ración de pan. Algún tiempo después, al enterarse de la muerte de su venerable hermano, fue a enterrarlo ayudado por dos leones. Además, en Cataluña se le atribuyeron aventuras y milagros que sirvieron de tema a Jaume Huguet para su gran retablo de San Antonio en Barcelona.

PATRONAZGOS

La orden de los antoninos o antonitas se fundó en el siglo XI bajo la advocación de San Antonio como santo curador. Para mantener sus encomiendas y hospitales, los antoninos recurrían a la crianza de cerdos. Gozaban del privilegio de dejar vagar a sus animales, reconocibles por la campanilla que tintineaba en sus cuellos, por las calles de los pueblos y los terrenos comunales.

San Antonio Abad se convirtió en patrono de numerosas corporaciones: los cesteros porque los solitarios de la Tebaida ocupaban su tiempo ocioso en trenzar cestos, y los sepultureros, porque San Antonio enterró a San Pablo ermitaño en el desierto.

La mayoría de su patronazgos los debe al cerdo, que se convirtió en su atributo más popular. De ahí que fuera honrado por los porquerizos, vendedores de cerdos, carniceros, chacineros, fabricante de cepillos (que empleaban cerda porcina) y campaneros (a causa de la esquila de los cerdos). Además, en Bretaña era patrón de los alfareros, en Saint Omer de los curtidores y en Reims de los arcabuceros.

Pero la extraordinaria popularidad de San Antonio se debe a su fama como santo curador. Se le invocaba contra el llamado fuego de San Antón, cuya causa era la alimentación con pan de centeno contaminado por un parásito llamado tizón. A causa de esa enfermedad se recurría a él contra las llamas del infierno y los incendios. San Antonio era también invocado contra la peste y las enfermedades de la piel. El poder curativo de San Antonio se extendía también a los animales, estando entre los santos protectores del ganado.

ICONOGRAFÍA

San Antonio está representado habitualmente como un anciano barbudo que viste el sayal con capucha, prenda común de los antonitas. Sus atributos más habituales son el cerdo, la esquila, las llamas del fuego de San Antón y la tau. Las llamas suelen salir de sus pies o del libro que tiene en la mano. Las escenas más representadas son la visita a Pablo el ermitaño y las tentaciones en el desierto.

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.

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