NO HECHO POR MANO DE HOMBRE

La tradición occidental identifica como el "verdadero" rostro la huella que dejó Cristo milagrosamente en la tela que usó la Verónica para secarle la cara camino del Calvario, pasaje procedente de los evangelios apócrifos. Cuenta la Leyenda aúrea que el emperador Tiberio se curó al ver esta imagen, que llevó a Roma la Verónica. La reliquia, que recibe este nombre, "Verónica", fue copiada reiteradamente hasta que se perdió su rastro. Hay quien la identifica con el icono de Manopello (Chieti), o con el de Génova (San Bartolome degli Armeni). Según el Oriente cristiano, la auténtica Santa Faz es el mandylion, el retrato que Jesús envió a Edesa para curar al rey Abgar. Este se escondió en un muro, se recuperó en el 545 y se llevó a Constantinopla en el 944. La imagen estuvo expuesta en Santa Sofía hasta 1204 (año en que desapareció, durante la cuarta cruzada), y podría corresponder a la Sába Santa de Turín doblada. Actualmente hay tres mandylion que derivan del de Constantinopla: el de Novgorod, la Santa Faz de Laon y la Santa Faz de Yaroslavl.

Los ojos, grandes y marrones, confieren un intenso magnetismo al rostro. La nariz, larga y estrecha, y la boca pequeña y cerrada, indican silencio y fuerza interior. La voluminosa cabellera forma alrededor de la cabeza un dibujo regular de surcos concéntricos. El conjunto del rostro se completa con un bigote largo y caído y una barba poblada, de dos puntas.

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