| LA ANUNCIACIÓN
En griego esta fiesta se llama "Evanghelismos", por cuanto tiene que ver con el anuncio de la Buena Noticia, que es Jesús o el Verbo, que se hace carne. Los liturgistas señalan que antes de que estuviera fijada su fecha en el 25 de marzo, en el siglo IV hubo una primitiva fiesta mariana sobre el anuncio evangélico a María. Los primeros iconos nos muestran a la Virgen y a Gabriel de pie, frente a frente, en un diálogo mudo de ojos y manos. Si la mano de María se orienta hacia el ángel como si quisiera frenarlo, indica reserva y distancia; en cambio, si la apoya en el pecho, expresa aquiescencia y sumisión. Posteriormente, la composición ganó en movimiento: el arcángel corre hacia la Virgen que se asienta en un trono real. Inspirándose en el Protoevangelio de Santiago, la iconografía de la Anunciación se dividió en dos momentos: primera aparición del arcángel en el pozo, mientras María se ocupa de recoger agua; segunda aparición en la casa, en el momento en que la Virgen está tejiendo la púrpura para el velo del Templo. El velo es el cuerpo de Jesús, que se ha hecho carne en ella. En el diálogo con el ángel Gabriel aparece como la nueva Eva, de ahí que pueda haber una alusión al paraíso terrenal o lugar del pecado original. En algunos casos vemos un rayo de luz que viene de los cielos, como muestra de que acepta la orden del Padre. El icono de la Anunciación está en las puertas reales del iconostasio, ya que ella es la puerta de los misterios.
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