EL ÁRBOL DE LA VIDA EN LA PINTURA GÓTICA HISPANA

En el mundo románico la religiosidad y las estructuras de poder de la sociedad feudal se ven reflejadas en la imagen del Cristo Majestad. En el periodo gótico, la sociedad que empieza a acercarse tímidamente a la realidad y que en esa realidad, que es un valle de lágrimas, quiere ver al propio Dios, tiene su imagen más simbólica en la del Cristo crucificado.

Este cambio se produjo paralelamente al lento proceso de desmoronamiento de la sociedad feudal. Ya en el siglo XII los valdenses se despojaron de sus pertenencias y bienes materiales en un empeño de acercarse al verdadero Dios a través del Nuevo Testamento. Los teólogos del siglo XIII meditaron sobre la Pasión de Cristo para hallar en ella la comprensión y el consuelo de la despiadada cotidianidad. Cristo crucificado es el Dios sufriente, pero también es la imagen del hombre enfrentado a un entorno hostil, al dolor, el hombre al que hay que compadecer, tal como uno se conmueve ante la visión del Cristo del Calvario.

El tipo de Crucifixión que en la primera pintura gótica muestra sintéticamente y de manera más monumental el camino de salvación que asume la muerte de Jesús es el denominado comúnmente Árbol de la Vida o Lignum Vitae, propio de las iglesias franciscanas y dominicas, que en tierras hispánicas tiene paradigmáticas representaciones en las pinturas murales de la iglesia de L'Arboc (Tarragona), de hacia 1310-1320, y del convento dominico de Puigcerdá (Gerona), de hacia 1330-1340.

El tema del Árbol de la Vida conjuga la Crucifixión de Cristo con una de las imágenes que a lo largo de la historia ha sido símbolo del poder regenerador de la naturaleza: la del árbol. Desde siempre, el árbol se consideró imagen cosmogónica, eje del mundo, soporte del universo, símbolo de fecundidad inagotable, de la regeneración cíclica, de la resurrección de la vida. No es de extrañar que ese árbol fuese adoptado por el cristianismo para unirlo a la imagen que le da su razón de ser: la del Cristo crucificado. Para el cristianismo, la relación entre el árbol y la cruz parte de la visión de Ezequiel (Ez 47, 12), pasaje recogido después en el Apocalipsis para trazar la imagen de la Jerusalén celestial (Ap 2, 7; 22, 2). En ambos pasajes los frutos de los árboles de la vida son regenerables (doce) y sirven para alimentar a los gentiles, aunque la identificación entre esos árboles y el sacrificio de Cristo no es aún explícita.

Ya en los manuscritos de fines del siglo XIII aparecen ilustraciones en las que se representa a Cristo clavado en la cruz, entendida como un gran árbol constituido por ramas, hojas y frutos. A partir de estas representaciones miniadas el tema tuvo gran difusión en la primera mitad del siglo XIV en tierras italianas, entre los que cabe citar la pintura de Taddeo Gaddi en el refectorio del convento de Santa Croce de Florencia.

El Lignum Vitae del convento dominico de Puigcerdá.

La figura de Cristo está clavada sobre el madero crucífero, que es el tronco de un árbol de espeso follaje que, a juzgar por sus frutos, es un manzano. A intervalos regulares y de forma simétrica, surgen de cada lado del tronco seis ramas. Del extremo de cada una penden cada uno de los doce frutos que citan los textos relacionados con esta imagen. La composición se enriquece iconográficamente con la presencia, en la parte inferior derecha, de san Juan, y en la parte opuesta del grupo de las tres Marías que sustentan el cuerpo de la Virgen, desvanecida por el puñal que la atraviesa.

El Lignum Vitae de la iglesia parroquial de L'Arboc.

El ejemplo de Tarragona, en lugar de poseer doce ramas en total, presenta ocho a cada lado del tronco, y frutos en sólo siete de ellas. El significado del número ocho es perfectamente acorde con el mensaje de vida que lleva implícito el tema: el ocho es símbolo del equilibrio cósmico y, particularmente, de la resurrección del hombre. Es, pues, la cifra del Nuevo Testamento, de la nueva era, en oposición al número siete, el número de frutos de cada lado del árbol, que representa la Antigua Ley y que, a su vez, resume la totalidad del orden moral como suma de las virtudes teologales y cardinales.

La exaltación de esas virtudes es la que inspira en ambos ejemplos las inscripciones que se leen en cada uno de los frutos que cuelgan de las ramas del árbol: OBEDIENTIA, VERITAS, IVSTICIA, VMILITAS, etc.

Fuente: Summa Pictorica, vol. II. Editorial Planeta.

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