| LA ASUNCIÓN
La expresión Asunción es significativa: se opone a la Ascensión, como lo pasivo a lo activo. Es decir, la Virgen no asciende al cielo por sus propios medios, como Cristo, sino que es elevada al Paraíso por los ángeles. El arte bizantino representa la Asunción del alma de la Virgen, recogida por Cristo en su lecho de muerte; y el arte de Occidente, su Asunción corporal fuera de la tumba donde los apóstoles la habían sepultado. Por lo tanto, debe distinguirse en iconografía la Asunción del alma de la Virgen en forma de niña y la Asunción de su cuerpo glorioso. La Virgen, en actitud orante, eleva las manos unidas, en una mandorla llevada por ángeles, encima de la tumba abierta. La tumba está vacía o llena de lirios y rosas. A veces la Virgen está sentada dentro de esa mandorla. A causa de una confusión iconográfica, la Asunción pierde su carácter original para convertirse en Ascensión. En vez de ser elevada al cielo por ángeles, la Virgen vuela sola, con los brazos extendidos; los ángeles que la rodean se limitan a formarle cortejo. Esta transformación se consumó en el arte italiano del siglo XVI, aunque esta nueva fórmula no eliminó la antigua, de la que encontramos ejemplos en el siglo XVII. Otra innovación italiana es la de añadirle al tema de la Asunción la leyenda que cuenta que Tomás, el apóstol incrédulo, recibió el cinturón de la Virgen, que ésta dejó caer para convencerle de la veracidad del milagro. Pero mientras que la transformación de la Asunción en Ascensión se difundió en todo el arte cristiano, la iconografía del cinturón de la Virgen se mantuvo exclusivamente en el área toscana. Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau. |