BORIS Y GLEB

A caballo o a pie, con espadas y vestidos de príncipes, están considerados como los primeros mártires rusos, porque murieron para no perjudicar a su hermano mayor.

Se les conoce por los nombres paganos de Boris y Gleb, pero sus nombres de bautismo eran Román y David. Eran los hijos pequeños del príncipe Vladimir de Kiev, que en el 989 inició la difusión del cristianismo entre los pueblos eslavos. Su hermano mayor Svyatopolk los asesinó al nombrarlos herederos su padre. En 1019, el príncipe Yaroslavl vengó su muerte derrotando a Svyatopolk, reconquistó Kiev y, en 1020, reunió las reliquias de Boris y Gleb en la iglesia de San Basilio de Visgorod. Se canonizaron en 1051.

En el siglo XI, su culto llegó a Constantinopla, y en la iglesia de Santa Sofía se exponía la imagen de los dos santos hermanos. Ambos tienen consideración de mártires, pero no como testigos directos de la fe, sino por la docilidad con que se sometieron a su hermano, sufrieron su violencia, y aceptaron la muerte por el principio de sometimiento de los menores al mayor. Gracias a ello, Boris y Gleb evitaron una guerra civil en el naciente Estado ruso. Si el bautismo que recibió el pueblo eslavo en las aguas del Dniéper fue incruento, Boris y Gleb bautizaron Rusia con sangre inocente. Han dado nombre a muchas localidades y monasterios rusos.

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