CATACUMBAS: FUERA TÓPICOS

Es frecuente encontrar en libros, incluso de texto, la afirmación de que las catacumbas sirvieron de lugar de culto para los cristianos y asimismo que fueron usadas para esconderse en épocas de persecución. A esta creencia han colaborado muchas películas de cine, realizadas sobre todo en los años 50 y 60. Si tenemos en cuenta que estas películas, sobre todo norteamericanas, se caracterizan por unos tremendos errores de ambientación histórica y artística, entenderemos que se hayan introducido en ellas equivocaciones tan patentes. También se sobreentiende que las catacumbas son un fenómeno exclusivo de Roma, porque jamás se menciona que existan en otro lugar, y un fenómeno exclusivo del cristianismo.

En primer lugar, las catacumbas son cementerios subterráneos, y no otra cosa. En segundo lugar, no existen solamente en Roma, sino que se conocen también en Nápoles, Siracusa, Anzio y Bolsena en Italia; Alejandría, en Egipto y Adrumeto, en Túnez. Posiblemente existieron también en otros sitios. En tercer lugar, además de catacumbas cristianas, también las hay paganas y judías.

Una vez establecido este punto de partida, empezaremos diciendo que los cristianos no introdujeron innovaciones en cuanto a los enterramientos. Los primeros cementerios cristianos son a cielo abierto. Cuando el espacio para enterramientos se agota, y esto es fácilmente explicable en el caso de ciudades muy pobladas, como Roma, se comienzan a construir cementerios subterráneos. Esta falta de espacio afecta no sólo a los cristianos, sino también a todos los habitantes de las grandes ciudades. En el caso de Roma y otras ciudades, la circunstancia de que el subsuelo esté compuesto de un material blando y que se excava con facilidad facilita el desarrollo de los cementerios subterráneos.

Los cementerios subterráneos se van ampliando hacia abajo a medida que se necesita espacio. Las tumbas más antiguas, por tanto, son las que están en las hiladas superiores de las galerías. Es decir, que cuando estos cementerios comienzan a utilizarse no tienen tanta profundidad como alcanzan después.

Una vez que hemos visto el origen de las catacumbas en la falta de espacio para enterramientos, tenemos que recordar que los cristianos, en principio, no sienten la necesidad de construir edificios especiales para el culto. Existen muchísimos testimonios escritos sobre ello. La casa de un miembro de la comunidad les sirve para reunirse y cuando el grupo crece utilizan las casas de los miembros más ricos que son, lógicamente, más amplias. Más tarde, algunos de estos cristianos ricos ceden edificios amplios que poseen, como termas, etc. Cuando la liturgia cristiana va imponiendo la necesidad de edificios con ciertas características, los cristianos acuden a utilizar un modelo de la arquitectura civil romana como es la basílica, que se adapta bien a las necesidades del culto. Para todo el que conozca el interior de una catacumba es fácil imaginar que aquellas estrechas galerías, con muy poca ventilación y nada de luz, no podían servir en absoluto para el culto cristiano, especialmente en una época en que las comunidades son ya numerosas. Es imposible, por tanto, conciliar las necesidades del culto cristiano con el espacio disponible en las catacumbas.

Por último, en cuanto a la utilización de las catacumbas como escondite durante las persecuciones, cae también dentro de lo absurdo. Las catacumbas, como cementerios que son, son lugares conocidos y públicos, que caen dentro del ámbito de las leyes romanas sobre enterramientos. Por todo ello, resulta inconcebible que fueran escondites viables, toda vez que todo el mundo conoce su localización y su relación con la comunidad cristiana.

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