EL CRISTO EMMANUEL

El profeta Isaías fue el primero que usó el término Emmanuel, que significa "Dios con nosotros". El icono plasma la contemporaneidad. No estamos ante un niño, sino ante el rostro misterioso e incognoscible de Dios, eternamente joven y viejo al mismo tiempo, tal como subrayan los Padres de la Iglesia. La edad infantil no remite al Niño sino a la incorruptibilidad y eterna juventud del Cordero del sacrificio, que el icono recuerda en su renovación incruenta y cotidiana en el altar mediante la Eucaristía. Confirma esta interpretación el hecho de que en Moscú, en la catedral de la Dormición del Kremlin, se colocó un icono de Emmanuel en déesis sobre las puertas septentrionales del iconostasio que lleva a la prothesis (la sala donde se preparan los dones sagrados). Además, en la cultura rusa Emmanuel representa el principio de la Sofía, la Sabiduría a la que se refiere Juan en el prólogo de su Evangelio.

Cristo imberbe, de medio busto o en alguna ocasión de cuerpo entero, sentado en el trono, se inscribe en una déesis angélica entre Gabriel y Miguel, los arcángeles que participan en la Divina Liturgia. En otros ejemplos, los ángeles se convierten en una cohorte, como en la sinaxis de los ángeles alrededor de Emmanuel.

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