| EPITAFIO DE SEVERA HISTORIA Se trata de una simple lápida sepulcral de una tal Severa, de la que sólo conocemos el nombre. Por el modo de incisión de las figuras y por el estilo epigráfico sabemos que pertenece al siglo III. Se encuentra en el Museo Lapidario del Vaticano. DESCRIPCIÓN
LECTURA La identificación de la escena es inmediata: se trata de la Adoración de los Magos o Epifanía. Los gorros frigios y los pantalones ceñidos indican que los varones son extranjeros. Efectivamente, han llegado de Oriente, según Mateo (2, 1) Las "braccae" eran una prenda a modo de calzones, ceñida por la parte inferior y que se llevaba hasta por debajo de las rodillas. Fue un vestido adoptado por los soldados romanos, tomándolo de los bárbaros. En griego se llaman "anaxyirides". La mujer es de más diginidad que los Magos: así lo simboliza su posición sedente. el personaje de detrás del asiento viste túnica extraña, vestidura sujeta al hombro izquierdo, que dejaba libre el derecho. Esta túnica indica que tal personaje es persona sacra, cultivador de la sabiduría, profeta. ¿Cómo leer la escena? El centro de interpretación es la estrella. En el libro de los Números (24, 17) el profeta Balaam dice: "Lo veo, aunque no para ahora; lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel". Balaam fue un adivino de las márgenes del Éufrates, que reconoce a Yavé por su Dios. Era enemigo de Israel, pero lo bendice varias veces contra su voluntad, pues así se lo impone Yavé. El personaje de la derecha es, por tanto, el profeta Balaam. En el Oriente antiguo la estrella es el signo de un dios; de ahí pasó a a ser signo de un rey divinizado. En la Biblia parece evocar la monarquía davídica, y, para el futuro, al Mesías. Por otra parte, Isaías (49, 23; 60,5-6) profetiza que le adorarán reyes, que un sinfín de camellos se agruparán, trayendo oro e incienso. El salmo 72 (10-11) dice que los reyes de Tarsis y de las islas le pagarán tributo y le adorarán. con estos ingredientes Mateo (2, 1-12) construye la escena. Los Magos ven su estrella en Oriente. La estrella les precedía y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. El evangelista piensa manifiestamente en un astro milagroso, cuya explicación natural es intento inútil. Los Magos entraron en casa; vieron al ñiño con su madre María y, postrándose, le adoraron. Luego abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Los Padres de la Iglesia ven simbolizadas en estos dones la realeza (el oro), la divinidad (el incienso) y la Humanidad (la mirra) de Cristo. Estamos ante una escena teológica, no histórica. Aquí no hay ni casa ni cueva, sino trono. No hay escena de familia: falta José. El contenido doctrinal estricto es éste. La estrella, profetizada en el Antiguo Testamento y guía de los Magos, se ha hecho realidad en el regazo de María. En el are cristiano María aparece sin llamar la atención, deja paso al Hijo, con el que se presenta en bloque. Empezará a ser protagonista sólo a partir del concilio de Éfeso (431). Jesús es luz que ilumina a todo hombre (Jn 1, 9) Estamos ante la llamada a la Catolicidad, ante la "Ecclesia ex gentibus" (Iglesia de los gentiles) de la que hablan los escritos cristianos primitivos. La Epifanía es la fiesta de la Catolicidad salvadora, que se ofrece a todo ser humano sin distinción. Severa es sólo un ejemplo: ha sido iluminada con esta luz, contenida en el rollo de la Ley evangélica, que ella señala al contemplante. Señalar esta luz, esta estrella, es la "misión" de la Iglesia cristiana Fuente: Fausto Jiménez en Revista "Catequistas". Noviembre 1998.
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