EL TRÍPTICO DEL CARRO DE HENO

De este tríptico hay dos versiones, una en el Museo del Prado y otra en el Monasterio de El Escorial, de las cuales se cree que la original es la primera de ellas.

Con el tríptico abierto, el panel izquierdo muestra, de arriba a abajo, el pecado de los ángeles rebeldes, la creación de Eva, el pecado de Adán y Eva y su expulsión del Paraíso. El panel derecho es una imagen del infierno. En el panel central vemos un carro de heno que es arrastrado en dirección al infierno en el panel derecho, mientras una multitud pugna por coger briznas de heno del carro. Los gobernantes del mundo (un papa, un emperador alemán, un rey francés y otros) siguen de cerca sobre sus caballos, y en primer término un monje, unas religiosas y diversas personas de clase baja (un mendigo ciego, gitanos, un curandero, un juglar) se entregan a actividades pecaminosas y fraudulentas. En la parte superior del panel aparece Cristo en una nube, alzando los brazos en un gesto de misericordia y mostrando las llagas de sus manos para recordarnos que murió para liberar al mundo del pecado; pero nadie parece hacerle caso, excepto un ángel sentado encima del carro.

Las líneas generales de este complejo iconográfico pueden trazarse sin grandes problemas, siempre y cuando el observador esté familiarizado conel pensamiento cristiano medieval. En las pinturas del tríptico abierto, el Bosco ha dado expresión a una línea de pensamiento escatológica: de izquierda a derecha vemos el origen del pecado, su propagación en este mundo y su castigo después de la muerte. El mensaje se centra en la figura de Cristo situada por encima del carro. En los cuadros y miniaturas del siglo XV que representan el Juicio Final, el motivo de Cristo mostrando sus llagas aparece una y otra vez, y numerosos pasajes de la literatura piadosa holandesa de la época nos dicen que el pecador puede consolarse y reconfortarse meditando sobre la pasión y las llagas de Cristo, ya que cada día Cristo muestra sus estigmas a Dios Padre para recordarle que todo pecador arrepentido puede ser perdonado. Así pues, el panel central del tríptico, que obviamente no representa el Juicio Final pero que hace referencia a él, no insiste en el carácter pecaminoso de la humanidad, sino en la salvación y la redención a las que el género humano siempre puede aspirar gracias a la muerte de Cristo en la cruz.

Pasamos ahora a considerar una serie de detalles que requieren explicaciones más precisas. ¿Por qué las figuras del panel central intentan hacerse con todo el heno posible? La respuesta puede hallarse con facilidad en la cultura y la literatura urbanas del medievo tardío holandés, en especial por lo que se refiere a la región de Brabante. Durante los siglos XV y XVI, dicha cultura urbana estaba dominada en su mayor parte por los llamados "retóricos", que se agrupaban en asociaciones culturales dedicadas a escribir poesía, producir y representar obras de teatro y organizar fiestas urbanas como procesiones y concursos estatales. En las obras de los retóricos pueden hallarse multitud de pasajes en los que la palabra "heno" se refiere metafóricamente a las vanidades del mundo en general y al comportamiento pecaminoso de la humanidad en particular. Asimismo, en 1563, un carro de heno formó parte de una procesión religiosa celebrada en Amberes. Una descripción contemporánea de dicha procesión indica que gentes de todo tipo tiraban del heno para significar que las posesiones terrenas "no son más que heno". Por otra parte, las connotaciones negativas del heno pueden remontarse a diversos pasajes de la Biblia y a la literatura medieval escrita en latín.

Un ejemplo de más peso lo constituye el grupo de hombres y mujeres que cantan y tocan instrumentos de música encima del carro. En la literatura erótica de los retóricos, dichas actividades se emplean constantemente como metáforas del acto sexual. Al colocarlas en un contexto religioso es obvio que El Bosco deseaba comunicar que el deseo sexual y la lujuria son parte esencial de la vanidad humana y reciben demasiada atención de los pecadores; el demonio azul que se une al sensual concierto empleando su larga nariz como instrumento indica que todos irán a parar al infierno.

Cuando el tríptico tiene las alas cerradas nos muestra una escena en la que aparece un buhonero en un paisaje. Lleva en la mano un largo cayado con el que aparta a un perro que gruñe. Esta pintura se corresponde a la perfección con las interiores. El perro agresivo que enseña los dientes aparece una y otra vez como símbolo del diablo, el cayado es una metáfora de la fe cristiana que puede emplearse en defensa del demonio, la cesta del buhonero representa los pecados con que carga todo ser humano y el gesto de mirar hacia atrás quiere decir que se arrepiente de su vida anterior. Además, en algunas obras de teatro del siglo XVI escritas por retóricos, el buhonero aparece como un pecador que acaba por arrepentirse de sus pecados. Esto es lo que El Bosco quería simbolizar con esta figura: el pecador que lamenta sus malas acciones y que se aparta del demonio hacia el fin de su vida. El buhonero ha sabido comprender el mensaje que expresan las pinturas interiores del tríptico ("Todo pecador arrepentido será perdonado") y ha enmendado su estilo de vida.

Fuente: Summa Pictorica, vol. II. Editorial Planeta.

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