LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

La tumba de Lázaro está en Betania, cerca del actual pueblo árabe de el-Azariye, en las laderas orientales del monte de los Olivos, a unos tres kilómetros de Jerusalén. En el siglo IV, la peregrina Egeria cuenta que, con motivo de la solemnidad de la Resurrección de Lázaro, el obispo de Jerusalén salía de Betania en procesión de los monjes y los fieles y acudía a la iglesia de la Resurrección de Jerusalén.

La iconografía de la fiesta se desarrolló en las catacumbas. La liturgia bizantina la conmemora al principio de Semana Santa. La dinámica del icono nace del gesto imperioso de Cristo al ordenar: "Lázaro, sal fuera". Cristo tiende la mano derecha llamando a Lázaro de entre los muertos; en la izquierda empuña un rollo con la lista de los muertos (quirógrafo), es decir, de los pecadores, que anula "el adeudo que había contra nosotros, cuyas condiciones nos eran desfavorables" (Col 2, 14). Paradójicamente, el hombre que sujeta el cadáver por las vendas y se tapa la cara a causa del hedor no parece darse cuenta de que Lázaro ha abierto los ojos. Cristo ordena: "Desatadlo y dejadle andar".

El grupo de hebreos reunido en la cueva junto a Lázaro representa a la humanidad, que va por las tinieblas y dirige sus miradas a Cristo para que la libere.

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