LA VIRGEN MAJESTAD

Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas, y por su expresión grave, solemne, casi hierática.

En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estaturas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.

Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestá, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles. Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestá pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.

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