| LA VIRGEN INTERCESORA EN EL JUICIO
Esta gran intercesión de María se manifiesta en tres ocasiones importantes: en el juicio (último, particular o universal), en el purgatorio y en lo que podemos llamar el juicio temporal, cuya triple ejecución se representa en las tres típicas calamidades de la peste, el hambre y la guerra. Veremos aquí a María como intercesora en el juicio. La Virgen, para doblegar a la justicia divina, usa dos procedimientos: como orante y como madre. El primero es suave y humilde. La Virgen se pone de rodillas, junta las manos y suplica. Es la orante in extremis. Este tema tiene escasísimas variantes y todas de poca importancia (sentada, de pie, etc.). Como madre, María deja su humilde actitud suplicante y adopta un nuevo y más convincente recurso. Con la mano indica su pecho, que alimentó al Hijo de Dios, como razón suprema y definitiva para inspirar y exigir misericordia. Es el argumento máximo del que dispone. Se ha visto el origen de este tema en la escena de la Iliada en que Hécuba, suplicando a su hijo Héctor que no se bata con Aquiles, agotados todos sus recursos, descubre su pecho y pide a Héctor que recuerde que lo amamantó para dar fuerza a su ruego. Parece muy probable que esta obra, tan divulgada en las bibliotecas de catedrales y monasterios en la Edad Media, tuviera su influencia en la creación de este tema iconográfico. Lo cierto es que ya figura en las colecciones de Milagros de los siglos XII y XIII, y que no tarda en pasar a la escena religiosa. La iniciativa de este tema fue atribuida a San Bernardo, pero el texto aducido no figura en sus obras. Lo más probable es que fuera entresacado del libro De Laudibus B. Mariae Virginis, de Arnaud, abad de Bonneval, gran amigo de San Bernardo.
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