| LA VIRGEN DE LA MISERICORDIA Los orígenes de la Virgen de la Misericordia son muy antiguos. El motivo del manto protector procede de la antigüedad más remota. Es un simbolismo tan natural que resulta común a todas las épocas, a todos los estados de civilización. Se lo encuentra en los ritos de adopción y de matrimonio. Abrigar a un niño bajo el propio manto es adoptarlo. En la Edad Media, los acusados se refugiaban bajo los faldones de un obispo o un señor para buscar asilo. La difusión del tema de la Virgen de la Misericordia se debe sobre todo a las cofradías de penitentes, que se multiplicaron en todas partes, especialmente en Italia, donde san Buenaventura fundó hacia 1270 la cofradía de los Recommandati Virgini; y en el sur de Francia. Un gran número de estas representaciones entra en la categoría de los exvotos dedicados por las ciudades o las cofradías en tiempos de peste. En tiempos de epidemia, las poblaciones se volvían hacia los santos "antipestíferos": San Sebastián, San Roque y, especialmente, hacia la Virgen de la Misericordia. Si examinamos las pinturas o esculturas que representan a la Virgen, desde el punto de vista de su composición podemos distinguir dos elementos: la figura de la Virgen y los orantes acurrucados bajo su manto. A veces la Virgen aparece sentada, pero en la mayoría de los casos está de pie, y siempre de frente, a fin de no ocultar a los orantes. Ella es de una estatura gigantesca en relación a sus protegidos, que tienen talla de niños. Esa desproporción es una necesidad del tema y no tenía nada chocante para los artistas de la Edad Media, acostumbrados a expresar la jerarquías espirituales por las diferencias de escala entre los personajes. En ciertos casos, la Virgen está representada con el Niño Jesús sobre el brazo izquierdo. Pero la presencia del Niño concuerda mal con el tema de la Virgen protectora, que necesita tener las manos libres para desplegar su manto. Es por ello que la Virgen de la Misericordia casi siempre está representada sin el Niño. A veces tiende los brazos para elevar por sí misma los faldones de su manto. En otras versiones une las manos en gesto de plegaria y entonces son los ángeles o los santos quienes le prestan el servicio de desplegar el manto protector. Cuando se trata de un exvoto dedicado en tiempos de peste, el manto se convierte en un escudo sobre el cual se parten las flechas que simbolizan la peste. En cuanto a los refugiados bajo el manto, se pueden distinguir diversas versiones claramente diferenciadas: 1. La Mater omnium (la Madre de todos). Es cuando la Virgen protege bajo su manto a la cristiandad entera. Pero la teología medieval cultivaba las clasificaciones y las jerarquías. Por ello, los sexos están generalmente separados. Con mayor frecuencia aún, la cristiandad está dividida en clérigos y laicos.
Los artistas del Renacimiento se alejaron del tema a causa de su carácter arcaico. La rígida frontalidad del tema y la desproporción inevitable molestaban a unos artistas formados en el culto de la anatomía y de la perspectiva. A veces se intentó remediar representando a la Virgen descendiendo del cielo, o elevada sobre un estrado de numerosos peldaños. Pero esas enmiendas sólo sirvieron para salir del paso, y además contribuyeron a poner de manifiesto la incompatibilidad radical entre el tema medieval de la Virgen de la Misericordia y el ideal artístico del Renacimiento. Así se explica la rápida desaparición del tema, que a principios del siglo XVI sucumbió a los ataques convergentes del Renacimiento y de la Reforma. En el siglo XVII el cuadro de Zurbarán en Sevilla no es más que una supervivencia.
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