LA NATIVIDAD DE JESÚS

Hasta el siglo VI, la solemnidad del nacimiento de Jesús se celebraba el 6 de enero, junto a la Adoración de los Reyes Magos (pequeña Teofanía) y el Bautismo del Señor (gran Teofanía). Posteriormente, queriendo hacer hincapié en la condición humana de Cristo, se instituyó la fiesta de la Navidad el 25 de diciembre. La imagen más antigua de la Natividad se guardaba en la basílica de Belén, y se contempla en las ampollas que traían los peregrinos de Tierra Santa. María tiene al Niño en las rodillas en señal de que su parto ha sido indolor, virginal.

A partir del concilio de Éfeso, que estableció el dogma de la divina maternidad, solía representarse a la Virgen acostada, como es natural para alguien que acaba de dar a luz. Preside el icono de la Natividad una montaña con una cueva, símbolo del infierno. María es la zarza ardiente que ha engendrado a Cristo, fajado como un muerto y depositado en la cuna-sepultura. El asno y el buey representan a los judíos y los paganos; la estrella y los ángeles simbolizan la presencia de la Trinidad, y los Reyes Magos remiten a las mujeres que llevaron aromas al sepulcro. José, tentado por el demonio-pastor, y Salomé, que baña al Niño con Eva, representan a la humanidad incrédula, vigilada atentamente por María.

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