| LA NATIVIDAD DE JESÚS
A partir del concilio de Éfeso, que estableció el dogma de la divina maternidad, solía representarse a la Virgen acostada, como es natural para alguien que acaba de dar a luz. Preside el icono de la Natividad una montaña con una cueva, símbolo del infierno. María es la zarza ardiente que ha engendrado a Cristo, fajado como un muerto y depositado en la cuna-sepultura. El asno y el buey representan a los judíos y los paganos; la estrella y los ángeles simbolizan la presencia de la Trinidad, y los Reyes Magos remiten a las mujeres que llevaron aromas al sepulcro. José, tentado por el demonio-pastor, y Salomé, que baña al Niño con Eva, representan a la humanidad incrédula, vigilada atentamente por María.
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