LA NATIVIDAD DE MARÍA
Esta fiesta nació en el siglo V, en Jerusalén, donde la tradición sitúa la casa natal de María (cerca de la piscina probática y lde la actual basílica cruzada de Santa Ana). Coincide con el principio del año litúrgico bizantino, y está considerada como la raíz de todas las fiestas, ya que con el nacimiento de la Virgen empieza a cumplirse la historia de la salvación. El número ocho representa la plenitud del octavo día de la Resurrección, que sigue a los seis días de la Creación y al séptimo día del reposo sabático. Ocho son, asimismo, los lados de la fuente bautismal (y del edificio del baptisterio) donde el catecúmeno renace a una nueva vida.
Representa un ambiente de intensa alegría, pues son los preparativos del género humano para recibir la divinidad.
El icono representa el interior de la rica casa de Ana, y se describen diversas situaciones: Ana, inquieta y turbada, medita sobre el misterio que se ha cumplido en ella; la comadrona, con ayuda de una sirvienta, se ocupa del baño ritual de María, como era costumbre en la Antigüedad cuando nacía un personaje importante; Joaquín se asoma atento a una ventana. La Virgen está representada con proporciones de niña y facciones de adulta, con el nimbo alrededor de la cabeza.