PABLO ERMITAÑO

LEYENDA

La vida del primer ermitaño fue escrita en latín por San Jerónimo, y luego popularizada por la Leyenda Dorada. No acusa elementos históricos sino que es una variante de la vida de San Antonio.

Nacido en Tebas en el 229, se habría retirado al desierto para escapar de la persecución de Decio. Vestido con una túnica hecha de hojas de palmera trenzadas que se habría confeccionado él mismo, era alimentado por un cuervo que le traía todos los dís pan en el pico. Un día recibió la visita de Antonio, quien creía ser el primer ermitaño, pero a quien un sueño le habría revelado la existencia de otro más viejo que él. Cuando se puso a buscar en el desierto de la Tebaida, fue guiado hasta Pablo por un centauro y un sátiro. El anacoreta se había encerrado porque no quería que nadie turbase su soledad; pero vencido por las plegarias de Antonio, le abrió la puerta y aceptó recibirle. Al llegar la hora del almuerzo, el cuervo trajo doble ración de pan. Cuando Antonio regresaba vio pasar por encima de él a dos ángeles que se llevaban el alma de Pablo. Volvió y encontró el cuerpo del anciano ermitaño. Cuando pensaba en la manera de darle sepultura, llegaron dos leones que comenzaron a cavar una fosa con sus garras.

La hagiografía copió elementos de esta leyenda del Antiguo Testamento. El milagro del cuervo nutricio aparecía ya en la vida de Elías. Los teólogos vieron un símbolo de la Santa Cena y de la Eucaristía en la fracción del pan por los dos ermitaños.

ICONOGRAFÍA

Vestido con una túnica de hojas de palmera trenzadas, el primer ermitaño tiene como atributos el cuervo y los dos leones. Suele formar pareja con Antonio Abad. Ambos se apoyan en una tau.

Las escenas representadas se concretan sobre todo en el encuentro de los dos ermitaños, el milagro del cuervo y el enterramiento.

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.

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