EL PROGRAMA ICONOGRÁFICO DEL PANTEÓN REAL DE SAN ISIDORO (LEÓN)

Muchos autores han elaborado teorías sobre el programa pictórico del Panteón Real de San Isidoro, sin llegar a un acuerdo. Todos coinciden en que se trata de la decoración de un cementerio, donde descansan los cuerpos de una veintena larga de reyes y reinas. Escenas del Nuevo Testamento y algunos personajes del Antiguo y del santoral cristiano son puntos de referencia para disquisiciones teológicas y elucubraciones escatológicas, según la mentalidad y conocimientos del intérprete. La teoría que aquí se expone es la de Antonio Viñayo, que parte de la idea de que la decoración funerario-escatológica del Panteón es la Misa Hispana.

El hecho de que la liturgia hispana estuviera ya abolida no es impedimento para ello, ya que, cuando Alfonso VI suprimió en el concilio de Burgos de 1080 el rito mozárabe, el pueblo leonés encajó muy mal el cambio de rito y aún siguió con los libros litúrgicos antiguos, y escribiendo códices y documentos en la también suprimida letra visigoda.

Podemos constatar que, aunque casi todos los temas del Panteón se encuentran en el repertorio románico, en ningún otro sitio se ven así agrupados. Son, preferentemente, temas evangélicos con Cristo como protagonista, desde su encarnación hasta su entronización como Señor del Universo. Pero es clara la supresión de todos los hechos de la vida pública de Jesús, limitándose a la infancia, la pasión y la glorificación, fiestas de tempore (Adviento, Navidad, Pasión y Pascua) del calendario litúrgico mozárabe. Los que sí aparecen todos y por el orden de la liturgia son los misterios que se asignan a cada uno de los nueve trozos en que se divide la hostia en la confractio panis de la Misa visigótico-mozárabe, que el sacerdote celebrante ha de anunciar por su nombre y colocar en forma de cruz sobre la patena: Corporatio [incarnatio], Nativitas, Circumcisio, Apparitio, Passio, Resurrectio, Gloria, Regnum. Estos misterios fundamentales se explican en la decoración con otros episodios anecdóticos y pesonajes, todos ellos relacionados con la lucha contra el diablo, la muerte y la resurrección.

El programa comienza en el muro meridional y va recorriendo muros y bóvedas de oriente a poniente, hasta terminar sobre la puerta.

1. Ciclo de Navidad

La confractio panis de la misa mozárabe incluye cuatro misterios natales: Encarnación, Natividad, Circuncisión y Epifanía. El autor de las pinturas los desarrolla al menos en nueve escenas, ya que algunas pueden haber desaparecido.

- Encarnación. En la liturgia hispana se le da el título de Corporatio, motivo que utilizaron los teólogos romanos para impugnar el rito como herético, hasta lograr suprimirlo. En las pinturas se desarrolla en dos escenas: Anunciación y Visitación.

- Natividad. Se desarrolla en dos escenas: Natividad y Anuncio a los pastores. La escena de la Natividad figura en el muro cabecero que cierra la nave meridional. Antes de 1149 se tuvo que abrir allí una puerta para comunicar el Panteón con la iglesia, por lo que se mutiló la parte baja de esta pintura. La escena del anuncio a los pastores es la primera representación completa de este tema en el arte español.

- Circuncisión y Epifanía. Forman este bloque las escenas de la Circuncisión, la Adoración de los Reyes, la Huida a Egipto y la Matanza de los inocentes y los restos de otras escenas muy deterioradas. Este muro estuvo totalmente decorado, pero se encuentra muy deteriorado y se han perdido varios fragmentos. En el arco ciego bajo la Anunciación quedan vestigios de los tres Reyes Magos que, montados a caballo y en fila, parecen venir de viaje por el desierto. De la escena de la circuncisión sólo aparecen cuatro figuras borrosas y los restos de un gran edificio. Encima de la escena de la circuncisión se identifica la huida a Egipto. Debajo y a la izquierda, se puede adivinar la adoración de los reyes. A continuación, otra escena, todavía más borrosa, que presenta un gran edificio con figuras humanas, puede ser la presentación en el templo. Termina este ciclo con la degollación de los inocentes.

2. Ciclo de la Pasión

En la bóveda occidental de la nave del centro se representa la Última Cena, siguiendo después por la última bóveda de la nave norte la escena del Prendimiento. A continuación, la negación de Pedro, el lavatorio de Pilatos, el llanto de Pedro y el Calvario.

3. Ciclo pascual

Los tres últimos fragmentos de la confractio mozárabe resumen los misterios pascuales: Resurrección, Gloria, Reino.

Resurrección. La cabecera de la primera bóveda de la nave septentrional cubre y arranca de la escena del Calvario. En toda esta bóveda reproduce el artista los símbolos del primer capítulo del Apocalipsis. A cada lado, en los ángulos, un pavo real, símbolo de la inmortalidad. En el centro, Cristo, sentado y con un escabel a los pies, con nimbo crucífero, pelo "como lana blanca", y espada de dos filos en la boca. Sobre la mano derecha, extendida, siete estrellas. Sobre la cabeza de Cristo el altar con los siete candelabros. Por su izquierda, el ángel con el libro cerrado y a la derecha, Juan derribado en el suelo. En el luneto occidental el ágel presenta el libro abierto y Juan lo recibe de rodillas. También están representadas las siete iglesias.

Glorificación. En el tímpano de la puerta primitiva, la Entronización del Cordero, que aparece con nimbo, dentro de un círculo que sostienen dos arcángeles. En el frente del arco, casi borrados, los símbolos del Zodiaco.

Reino. La Maiestas Domini es el Regnum de la Misa mozárabe. Esta grandiosa composición ocupa la primera bóveda de la nave central, llenándola toda.

Cristo, a la par que Señor de todas las cosas (Pantocrátor), es también Señor del tiempo (Cronocrátor), como lo es del Cosmos (Cosmocrátor). El artista lo recordó en la bóveda central, en el Anuncio a los pastores y en el Zodiaco. Nuevamente nos propone el Señorío de Cristo en el Calendario agrícola que figura en el intradós del arco que separa las bóvedas cabeceras central y septentrional, donde figuran las escenas del Viviente del Apocalipsis y de la Maiestas Domini. Allí figuran, en círculos simétricos, los campesinos leoneses y sus faenas agrícolas mes por mes.

Las otras dos personas de la Trinidad acompañan al Hijo. El Padre, representado por la mano, y el Espíritu Santo, en forma de paloma. Ambos figuran en círculos sostenidos respectivamente por Henoc y Elías y por Rafael y Gabriel.

Fuente: Summa Pictorica, vol. II. Editorial Planeta.

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