LA DIVINA PASTORA

En el arte español del siglo XVII se crea un tipo iconográfico de Virgen pastora que es una transposición tardía del Buen Pastor.

Otra empresa de redención es la llevada a cabo por los misioneros. Se trata propiamente de una redención espiritual, para librar a las almas de la esclavitud del paganismo. De manera que, al lado de la Virgen guerrera y pertrechada con diferentes armas combativas, hay que colocar la bucólica imagen de la Divina Pastora, patrona de los misioneros capuchinos de Cataluña.

Esta imagen oculta bajo su dulce apariencia una terrible lucha. La escena del primer término es dulce y apacible, pero al fondo arrecia la lucha: una oveja es acometida por un monstruo infernal. Pero baja un ángel del cielo, y espada en mano libra a la oveja. Todo ello describe la empresa de las misiones.

Los capuchinos introdujeron esta devoción primeramente en América del Sur y posteriormente en Canadá, Australia, Irlanda, Inglaterra, Francia e Italia.

Tocada con un sombrero de paja adornado con una cinta y guirnalda de flores, la Virgen empuña un cayado y acaricia un cordero. A veces se la representa con el Niño Jesús en brazos. Este tipo de Virgen abunda mucho en los conventos femeninos, especialmente en los de capuchinas.

El tipo se volvió laico en la pintura francesa del siglo XVIII e inspiró numerosas imágenes de la reina María Antonieta y de la marquesa de Pompadour.

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.

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