LA PRESENTACIÓN DE MARÍA

Joaquín y Ana, seguidos por un séquito de vírgenes, presentan a la pequeña María al sacerdote para que la acoja en el Templo, donde permanecerá hasta la adolescencia. El icono representa el séquito que acompaña a María, y una estancia alta del santuario, en el corazón del Templo, donde la Virgen recibe el alimento divino del ángel. La virgen y el templo se identifican entre sí: del mismo modo que María vive dentro del santuario, Jesús vivirá en el interior de su cuerpo; así, la divinidad de Cristo queda oculta a la humanidad, siguiendo la lógica de la encarnación.

La fecha de la fiesta de la Presentación de María corresponde al día de la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva en Jerusalén, un encargo del obispo Elías que erigió el emperador Justiniano: 21 de noviembre de 543. La solemnidad se difundió en Constantinopla durante los siglos VII y VIII. La iconografía de la fiesta es estable, pero con variaciones (los escalones por los que sube la Virgen, la arquitectura del Templo y la presencia del séquito de vírgenes). En ocasiones, el marco que rodea el tema central contiene cuadros con pasajes de la vida de María.

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