EL SARCÓFAGO PALEOCRISTIANO DE ÉCIJA

La escultura paleocristiana no es rica técnicamente; desde esta dimensión no es comparable con la pagana, griega o latina. Es más ideográfica que artística. Es principalmente funeraria; por eso sus manifestaciones primarias son los sarcófagos de finalidad exclusivamente utilitaria.

En el siglo V d. C. existen en la península Ibérica tres talleres de sarcófagos: Tarragona, La Bureba (Burgos) y la Bética, con sede probablemente en Córdoba. Este último taller está relacionado con África; para sus inscripciones utiliza el griego, lengua muy corriente en la Bética. Está muy influido por Oriente, como lo demuestra el estilo de tabular, de incisión y de muy pocas y esquematizadas redondeces. Su mejor obra es el Sarcófago de Écija, de la primera mitad del siglo V. Se encuentra en la iglesia de la Santa Cruz de Écija (Sevilla).

Consta de tres escenas: de izquierda a derecha son "Sacrificio de Isaac", "Buen Pastor" y "Daniel entre leones". Encima de cada escena hay una inscripción en letras mayúsculas griegas "Abrah, Eisaac, Poimén (Pastor), Daniel", respectivamente.

Escena de Abrahán: un carnero atado a un árbol; Abrahán, barbado, con un cuchillo en la mano derecha; altar con leña; Isaac, imberbe con las manos atadas a la espalda.

Escena del Pastor: carga sobre sus hombros una oveja, con la cara vuelta hacia el pastor; Jesús, imberbe, lleva cayado en la mano izquierda, viste túnica corta, como los otros personajes; a sus pies pastan dos ovejas.

Escena de Daniel: en figura de orante con las manos alzadas y extendidas, a sus pies dos leones, sentados sobre sus cuartos traseros, vuelven las cabezas forzadamente hacia el profeta; metidos en una jaula representada esquemáticamente.

Los sarcófagos paleocristianos son un "tópos" (lugar) teológico importante, pues reflejan el concepto sobre la muerte que tenía el pueblo sencillo, no letrado. Las escenas eran encargadas por los familiares del difunto, o simplemente eran ejecutadas por el grupo de escultores funerarios. Por ello no interesa tanto la realización técnica cuanto su contenido doctrinal.

En este sarcófago hay expresada con claridad una "historia de la salvación". Yahvé ha intervenido llamando a Abrahán a la fe; por su confianza en ese Dios convocante, Abrahán ha sido constituido Padre de los Creyentes, que no duda en sacrificar a su hijo (Gn 22, 1-19). De este modo Isaac aparece como el hijo de la promesa y de la fe, en uno de cuyos descendientes Yahvé cumplirá lo prometido.

A lo largo de la historia, Dios sigue interviniendo, incluso con prodigios como el de Daniel, injustamente arrojado al foso de los leones por Darío por instigación de los sátrapas (Dan 6, 2-28). En la Biblia, el león es admirado y temido por sus mandíbulas; su rugido siembra estupor. Caer en la boca del león es caer en manos de los perseguidores, que arrebatan la vida del justo como un león (Sal 7, 3). Librar de la boda del león es librar de la muerte segura. Daniel, liberado de los leones, es símbolo del difunto, liberado del poder de la muerte. POr eso Daniel aparece en figura de orante salvado, con los brazos hacia arriba y con los leones amansados que lo contemplan.

La figura del Pastor culmina el ciclo iconográfico. Según el Antiguo Testamento, Yahvé es el Buen Pastor (Sal 23): apacienta, conforta y consuela. Según el Nuevo Testamento, Jesús es el Buen Pastor (Jn 10, 1-16): es la puerta de las ovejas, proporciona pasto y da vida en abundancia con el sacrificio de su propia vida. Esta transposición de funciones es una confesión implícita de la divinidad de Jesús. El difunto se ha dejado pastorear por Cristo (cayado), que lo ha acogido en sus brazos; ahora pasta en los jardines celestes (ovejas pastando).

El sacrificio de Jesús, anticipado típicamente en el sacrificio de Isaac; la intervención de Dios en favor de Jesús, anticipada típicamente en la liberación de Daniel; es decir, Jesús matado por su pueblo y resucitado por su padre, tienen efectos soteriológicos. La "historia de salvación", comenzada en Abrahán, continuada en Israel (Daniel), culminada en Cristo (escena central), se concreta en la persona del difunto aquí sepultado. Desde los pastos sacrificiales en la vida terrena (Isaac/Eucaristía; Daniel/Pasión) se llega a los pastos celestiales (ovejas/Pastor). La muerte es sólo un paso entre dos clases de banquetes y sacrificios.

Fuente: Sarcófago de Écija. Fausto Jiménez. Revista "Catequistas". Febrero 1998.

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