| EL SARCÓFAGO DE JUNIO BASSO HISTORIA La época aúrea de los sarcófagos cristianos es el siglo IV. Entre los años 340 y 370 se introducen escenas de pa pasión y triunfo del Señor; se vuelve a las formas clásicas y se busca la elegancia de gestos y grajes. Desde el 380 predominan las escenas de triunfo. El siglo V estará influido por Oriente (estilo ravenés). Junio Basso fue un patricio riquísimo, pretor durante los años que siguieron al trinfo de Constantino. Este sarcófago está datado en el 359; se halla en el Museo Vaticano. Es el más representativo y mejor conseguido de este periodo. Con él comienzan los sarcófagos con columnas o árboles para separar las escenas. DESCRIPCIÓN
LECTURA Hay escenas de triunfo, de sacrificio, de pecado y de muerte. ¿Cómo se compaginan? El sacrificio de Isaac prefigura el sacrificio de Cristo, ahora verificado ante pilato (extremos superiores simétricos. Pero el sacrificio no tiene sentido intrínseco, sino como paso a la gloria triunfal, anticipada al Domingo de Ramos y realizada como Cristo Señor. Lactancio hace hincapié en que Urano fue el primero de los dioses paganos; al colocarlo bajo los pies de Cristo, establece su supremacía y eternidad sobre todos los dioses del paganismo (escenas centrales de ambos registros). Desde estas escenas centrales de triunfo cobran sentido las demás. Cristo ha sido liberado de la pasión y muerte y ha iso exaltado. A Él quedan asociados en la pasión Pedro y Pablo. Estos son exaltados a la gloria con Cristo, del que Pedro recibe la Ley y al que Pablo aclama. En su cuerpo paciente Pedro y Pablo completaron lo que falta a la pasión de Cristo. Todo martirio cristiano tiene capacidad soteriológica. Si Cristo, Pedro y Pablo han sido liberados y exaltados, también lo serán todos los que se acojan a ellos. El hombre ha pequedo liberado del pecado, iniciado en los primeros padres; del dolor, inevitable pero sin sentido como novela el libro de Job; de la muerte, escenificada en Daniel entre leones. Fe en la Palabra de Dios (Abrahán), sacrificio (Isaac, Cristo, Pedro, Pablo), dolor (Job), muerte (Daniel) desembocan con certeza en la glorificación. Es la "comunión de los santos" del Credo cristiano, de los que acogieron la Palabra en fe y superaron el dolor y la muerte, lavándose en la sangre de Cristo y de sus seguidores más insignes. Fuente: Fausto Jiménez en Revista "Catequistas". Octubre 1998.
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