SERGIO DE RADONEZ

Sergio de Radonez representa para el pueblo ruso lo que Francisco de Asís para Occidente. Predicó la humildad, la penitencia y la caridad fraternal, obró milagros y tuvo visiones místicas. Fue el artífice del renacimiento espiritual y moral del pueblo ruso oprimido por el yugo tártaro. Su apoyo al príncipe Dimitri Donskoi en la célebre batalla de Kulikovo (1380) fue decisivo.

San Sergio propagó el culto del misterio de la Trinidad y fue el primer santo ruso que tuvo la visión de la Virgen, como se ve en un icono. Las reliquias de san Sergio se conservan en la iglesia de la Santísima Trinidad, donde las visitan miles de fieles.

San Sergio difundió en Rusia la doctrina hesicasta de Gregorio Palamás, fundamento de la pintura de iconos. Pocos años después de su muerte, bajo su sucesor Nikón, el monje Andrei Rublev pintó el icono de la lavra de la Trinidad, síntesis teológica y espiritual de las enseñanzas de Sergio, que el concilio de los Cien Capítulos de Moscú estableció como modelo. Como la pintura de iconos presupone una profunda vida espiritual y ascética, mientras prevaleció la espiritualidad de san Sergio los iconos mantuvieron un alto nivel de visión mística y contemplativa; cuando esa influencia se debilitó, las representaciones se volvieron alegóricas y artificiosas.

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