LA VIRGEN DE TERNURA

A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana, que no se contenta con servir de trono al Niño, sino que se presenta como una verdadera madre relacionada con su hijo. La expresión de ternura maternal comporta matices muy variados. Las actitudes son también más libres e imprevistas. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente se deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.

- La Virgen de parto sobre el lecho. Así como la Virgen encinta se separa del grupo de la Visitación, la Virgen acostada sobre el lecho de parturienta, presentada aisladamente, surge del tema de la Natividad. Esta representación, que apareció a fines de la Edad Media, ha sido popularizada por visiones de monjas místicas. Casi todas las imágenes de este tipo proceden de conventos femeninos.

- La Virgen de la leche. Este tipo de Virgen nodriza es el más antiguo de todos. Se lo encuentra a partir del siglo II en el arte de las catacumbas. La iconografía de las Vírgenes de leche es extremadamente diversa.

Cuando el Niño es destetado la Virgen le da gachas de leche con un cacillo. Ese motivo de la Virgen de la sopa o Virgen con la cuchara parece haber sido de la particular preferencia de los pintores flamencos de finales de la Edad Media, como Isenbrandt o Gerard David.

- La Virgen de humildad. En el arte italiano del Trecento surgió bajo el nombre de Virgen de Humildad una variante de la Galaktotrofusa bizantina o Virgen de la leche, reconocible por estar sentada en el suelo, a veces sobre un cojín. Este motivo, sin duda de origen dominico, nació en Umbría o en las Marcas y fue adoptado por la escuela de Siena.

- El Niño Jesús acariciando la barbilla de su madre. Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño, sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes son, junto con las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de la Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.

A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: su expresión es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien acaricia la barbilla o la mejilla de la madre, quien sonríe y tiende los brazos. Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes al Niño tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor. A veces el Niño está representado durante el sueño mientras la Virgen vela.

- La Virgen adorando al Niño. El tema está tomado de la Natividad, en la que a partir del siglo XIV la adoración reemplaza al alumbramiento. Este tema es muy popular en la escuela florentina del Quattrocento.

- La Virgen de la rosaleda. Este tema es particularmente popular a fines de la Edad Media. Sentada con el Niño sobre las rodillas, la Virgen está situada frente a un seto o bajo un emparrado de rosas. Este tema, que durante mucho tiempo pasó por ser creación de los pintores alemanes de la escuela renana, fue en realidad creado a principios del siglo XV por un orfebre parisino. El más antiguo ejemplo conocido es el caballito de oro de Altoetting, que es un precioso juguete regalado en 1404 por Isabel de Baviera a su marido demente, Carlos VI. Allí se ve al rey que acaba de apearse del caballo, arrodillado a los pies de la Virgen sentada bajo un emparrado de rosas. Fue más tarde cuando el tema se introdujo en la escuela renana, donde fue popularizado por Stephan Lochner y por Martin Schongauer. Su moda se explica por la mística tierna y un poco amanerada que florecía en los conventos de monjas, y por el gusto tan difundido de los jardines privados, llamados cerrados, cercados o paraísos. De Alemania pasó al norte de Italia.

Una variante de este tema es el de la Virgen sentada sobre la zarza ardiendo, símbolo de la maternidad virginal. En el célebre tríptico de Nicolas Froment en Aix en Provence, la zarza ardiendo de Moisés se convierte en un rosal (ver en el tema "La maternidad Virginal de María").

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.

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