LA TRANSFIGURACIÓN

La doctrina espiritual de Gregorio Palamas, que entiende la luz como una emanación de la energía divina no creada, recibe el nombre de "hesicaísmo", y es la base de la pintura de iconos. "A Dios nadie lo ha visto jamás"; así pues, la única manera de conocerlo es por negación, a través de la oscura luminosidad de una nube que revela escondiendo (la nube del no conocimiento).

En el episodio de la Transfiguración, Cristo sube al monte Tabor (una pequeña elevación de Galilea, a 588 metros sobre el nivel del mar) junto a sus discípulos Pedro, Santiago y Juan. El Tabor era considerado un lugar sacro desde la Antigüedad; bajo el pavimento de la actual iglesia de la Transfiguración, que ocupa su cima, la roca conserva restos de antiguos cultos cananeos. La montaña es el escenario del encuentro con Dios y de su revelación. En la cumbre del Tabor, los discípulos, desfallecidos y en estado de éxtasis, ven el cuerpo divinizado de Jesús sobre una nube, entre Moisés y Elías: "Su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz". En ese momento, los discípulos "cayeron rostro a tierra", abatidos por los rayos de luz "no creada" que emana del aura luminosa alrededor del cuerpo de Cristo.

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