LA ENTRADA EN CANAÁN

Según la descripción bíblica, Abraham, Isaac y Jacob fueron los antepasados de todo el pueblo de Israel que, siglos más tarde, salió de Egipto bajo la guía de Moisés y, acaudillado por Josué, conquistó la tierra de Canaán. La Biblia explica la articulación el pueblo de Israel en doce tribus en razón de los hijos y nietos de Jacob, a los que considera antepasados de las doce tribus. Pero las cosas sucedieron más bien a la inversa: los nombres de los descendientes de Jacob fueron en primer lugar denominaciones de tribus, que más tarde fueron adscritas a doce antepasados homónimos.

La confederación de las doce tribus israelitas no procede de un padre común, sino que fue el resultado de una coalición de tribus independientes, aunque con parentescos étnicos, culturales e idiomáticos.

Las tribus se mezclaron ya desde fechas muy tempranas, y sólo gracias a sus nombres continuaron existiendo por separado en la tradición. Probablemente la confederación no se convirtió en una magnitud histórica hasta el final del proceso de la conquista de Canaán. Para entonces, las distintas tribus y grupos tribales contaban ya con una prehistoria multiforme y cambiante. La tradición bíblica según la cual Israel se convirtió en Egipto en el pueblo de las doce tribus, salió de aquel país como un pueblo formado por estas mismas doce tribus, conquistó Palestina en una acción conjunta bajo la jefatura de Josué y, una vez concluida la conquista, repartió por suertes la tierra entre las doce tribus es indudablemente una idealización de acontecimentos del pasado. No podemos, por consiguiente, construir nuestra imagen de la conquista de Canaán solamente a partir de las noticias de Jos 2-12, sino que tenemos que recurrir también a otros textos. Se comprobará entonces que aquella conquista fue un proceso mucho más lento y complicado y que conoció muchas vicisitudes.

Parece aconsejable comenzar por las tribus de Raquel, Efraim y Manasés (hijos de JOsé) y Benjamín. A sus "progenitores" se les presenta como los hijos más jóvenes de Jacob, lo que tal vez signifique que fueron los últimos en sedentarizarse. En los relatos de la conquista de Jos 2-11 llama la atención el hecho de que, salvo 10, 18-23, sólo se las menciona en la conquista de Palestina central o, más exactamente, de los territorios de las tribus de Benjamín y Efraim. Por consiguiente, tal vez los "israelitas" que, procedentes de Egipto, irrumpieron por el este en Palestina cruzando el Jordán, eran en realidad las tribus de Benjamín y Efraim. Mientras que el asentamiento de Benjamín ocasionó enfrentamientos bélicos, las montañas de Efraim estaban escasamente habitadas y fueron ocupadas mediante tala y roturación pacífica. En este contexto se habla expresamente de las tribus de Efraim y Manasés como "la casa de José". Ambas eran, en efecto, tribus hermanas, que durante algún tiempo fueron agrupadas bajo la mencionada denominación de "casa de José". Efraim se estableció en las montañas, mientras que Manasés lo hizo en la región de Sikem. En los primeros tiempos Manasés tuvo mucha mayor importancia que Efraim (lo que Gn 48, 13-19 expresa con la indicación de que Manasés fue el primogénito de José), pero más tarde fue superado por Efraim.

Parece evidente que estas tres tribus de Benjamín, Efraim y Manasés fueron el núcleo del posterior "Israel". Ahora bien, en la Biblia, Israel es el segundo nombre de Jacob, el antepasado de las doce tribus. Confluyen aquí indudablemente dos tradiciones diferentes y varios procesos históricos que hicieron que la posterior confederación de las doce tribus atribuyera su origen tanto a un cierto Jacob como a un cierto Israel. Son varios los indicios que sugieren que las tribus de José se consideraban descendientes del segundo. En la historia de José se menciona más veces el nombre de Israel que el de Jacob. Por otro lado, el nombre de Israel estaba especialmente vinculado en Palestina a Sikem, que se hallaba en el territorio de la tribu de Manasés. No es, por tanto, extraño que tras la escisión de la monarquía, el reino del Norte recibiera el nombre de Israel. Según esto, las tribus de Raquel serían las tribus de Israel.

Además, según la misma tradición bíblica, no todas las tribus que, desde Egipto, alcanzaron la altiplanicie transjordana cruzaron el Jordán. De acuerdo con el relato de Num 32, las tribus de Rubén y Gad se establecieron en Yazer y en Galaad, porque tenían allí abundantes pastizales. No se trató, pues, de una conquista militar, sino de una infiltración pacífica. Pero a pesar de estos elementos comunes, es posible que los asentamientos de Rubén y Gad se produjeran en circunstancias históricas muy diferentes. Mientras que Gad es una tribu esclava, Rubén es el primogénito de Jacob y Lía. Es seguro que Aser, aunque de la misma tribu materna que Gad y con asentamiento en el norte, no participó en los acontecimientos del éxodo. Y tal vez pueda decirse otro tanto de Gad.

En Jos 10, 28-43 se atribuye "a Josué y a todo Israel" la conquista del sur de Palestina. Pero el relato de la conquista de Canaán del libro de Josué gira en torno a la conquista de la Palestina central, mientras que la narración de la conquista del sur y del norte suscita la impresión de ser un complemento más tardío. En Jue 1, 1-21 tenemos una información que seguramente reproduce mejor la situación histórica. Según esta segunda noticia, la conquista del sur de Palestina, y concretamente de la ciudad de Hebrón (la posterior metrópoli de la tribu de Judá), fue una acción conjunta de las tribus de Judá y de Simeón y de algunos clanes calebitas y quenitas estrechamente emparentados con aquéllas (y más tarde absorbidos por Judá). No penetraron sobre las tierras de cultivo presionando desde el este, sino desde las estepas del sur. Es difícil determinar hasta qué punto esta penetración ocasionó enfrentamientos bélicos. Diversas informaciones bíblicas insinúan que en una fase primitiva de su historia también la tribu de Leví residió en el extremo meridional. También resulta difícil precisar con seguridad cuánto tiempo permanecieron estas tribus en Egipto. En cualquier caso, merece la pena destacar el hecho de que los padres de Moisés eran de la tribu de Leví y que no sólo Moisés, sino también otros varios "hijos de Leví" tenían nombres egipcios (Pinjás, Merarí, Jofní).

Parece claro que las tribus de Simeón y Leví perdieron en fechas tempranas su autonomía (ya en la bendición de Jacob se las presenta como "diseminadas en Israel"; la bendición de Moisés ni siquiera menciona a Simeón, en tanto que Leví es ya la tribu sacerdotal sin un territorio concreto). Judá, en cambio, ampliaba su zona de expansión hasta más allá de Belén y la Sefelá, hasta llegar, por fin, bajo David, a alzarse con la jefatura de la confederación tribal.

¿Cómo cayó, en definitiva, el norte de Palestina en manos de los israelitas? Según la narración de Jos 11, Josué derrotó, junto a las aguas de Merom, a una coalición de reyes cananeos del norte encabezada por el rey de Jasor. La victoria concluyó con la aniquilación total de Jasor y la toma por "Israel" de las restantes ciudades cananeas septentrionales. Pero, al igual que ocurre con la conquista del sur de Palestina, también la conquista del norte se compagina mal con los restantes procesos del avance israelita descritos en Jos 2-10. Parece más bien que esta anexión se produjo en el curso del asentamiento o de la expansión de las tribus del norte.

De dos de estas tribus, las de Isacar y Zabulón, se dice que eran hijos de Lía. Su zona de asentamiento en las alturas de la Galilea meridional (Nazaret, por ejemplo, pertenecía al territorio tribal de Zabulón) pudo llevarlas, en fechas todavía tempranas, a la vecindad de las otras dos tribus de Lía, Simeón y Leví. Isacar y Zabulón tenían una montaña sagrada común a ambas, el monte Tabor. Es posible que su asentamiento en estas regiones montañosas se remonte a mediados del segundo milenio a. C. Cuando el Génesis indica que Zabulón habitaba a orillas del mar, se refiere probablemente a que algunos de los miembros de esta tribu trabajaban como jornaleros en las ciudades costeras.

Otro tanto puede tal vez decirse de la tribu de Aser. También esta tribu aparece en Jue 5, 17 relacionada con el mar. Moraba en las laderas occidentales de los montes de Galilea septentrional, pobladas de abundantes olivos, por tanto, en las cercanías de la costa fenicia. En la vertiente oriental de esta misma zona montañosa se encontraba la tribu de Neftalí. A estas dos tribus se las considera en el relato bíblico descendientes de siervas debido a que tal vez estaban mezcladas con elementos cananeos, o acaso porque se hallaban instaladas en zonas más alejadas de la confederación tribal. Es posible que cuando Neftalí avanzó hacia la fértil llanura entrara en conflicto con las ciudades en torno a Jasor. Los datos arqueológicos indican que esta ciudad fue destruida a finales del siglo XIII a. C. y que durante los siglos XII y XI a. C. arrastró una existencia miserable. Sus murallas no fueron reconstruidas hasta el siglo X a. C., en el reinado de Salomón.

La tribu de Dan tiene una singular historia. En un primer momento se estableció en la Sefelá, en la región de Sorá y Estaol. Más tarde, se trasladó desde las faldas occidentales de las montañas de Judá hacia las fuentes del Jordán. Esta migración estuvo motivada por la escasez de espacio habitable en la zona fronteriza entre las tribus de Judá y Benjamín y los filisteos. La biografía de Sansón describe bien los intensos contactos de los danitas con los filisteos. Tal vez por eso se hace descender a esa tribu de Bilhá, sierva de Raquel, aunque también puede deberse a que, tras su desplazamiento, se estableció en las regiones más septentrionales, cerca de la tribu, también sierva, de Neftalí, y llevó allí una existencia muy aislada, ya que se trataba de un grupo pequeño y de escasa importancia. Los danitas conquistaron la ciudad de Lays, a la que llamaron Dan. Las excavaciones realizadas en este lugar no han permitido, hasta ahora, fijar con exactitud la fecha de esta conquista. En cualquier caso, debió de acontecer después de la destrucción de Jasor, en una fecha imprecisa del siglo XII.

El ejemplo de Dan indica que, tras la ocupación de las tierras de cultivo de Canaán, el género de vida de las tribus fue al principio muy inestable. No es sólo que algunas tribus aparecían y desaparecían, como hemos podido ver en los casos de Rubén, Simeón (y Leví). Es que, además, anduvieron errando de un lugar a otro, durante mucho tiempo, hasta hallar una zona de asentamiento definitivo. Éste es el cuadro que nos transmite el libro de los Jueces. No puede hablarse, pues, de fronteras fijas y estables en este periodo. También estaba aún muy lejos la unidad nacional. Surgían con frecuencia rivalidades y enfrentamientos armados entre las diferentes tribus.

Los israelitas se vieron precisados, además, a defender frente a siempre nuevos pretendientes las regiones tan trabajosamente conquistadas. Les disputaron su posesión, desde el interior mismo del país, los edomitas, moabitas, ammonitas y madianitas. Les hostigaron desde el mar los filisteos, pueblo sumamente belicoso, con el que tuvieron que enfrentarse las diferentes tribus durante toda la época de la conquista, tal como sabemos por los libros de los Jueces y de Samuel. En el curso de aquellas guerras, beneficiaba a los filisteos el hecho de que, por aquel entonces, Egipto apenas tenía capacidad de acción. La debilidad de Egipto tuvo repercusiones en la zona de Palestina. Los filisteos pudieron lanzarse, sin verse molestados por tropas egipcias, contra las tribus israelitas de la región de las colinas (la Sefelá), a las que rechazaron hacia las montañas.

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