HERODES EL GRANDE

Durante el reinado de Aristóbulo II, Antípatro, el hábil gobernador de Idumea, ayudado por los nabateos del sur de Transjordania, se rebeló contra él. En el conflicto entre Aristóbulo II y su hermano Hircano intervino Roma, con el resultado de que el país quedó prácticamente bajo soberanía romana. Aristóbulo, prisionero en Roma, trató varias veces de recuperar el trono, y en una ocasión consiguió escapar de la prisión romana. Finalmente llegó la paz y, con la victoria de César, Hircano fue confirmado como sumo sacerdote y etnarca, mientras que Antípatro fue nombrado procurador de Judea.

Antípatro asoció al gobierno a sus hijos, situándolos en posición de poder. Fasael, el mayor, se convirtió en comandante de la región militar de Jerusalén, cuyas fortificaciones hizo restaurar; Herodes, el menor, recibió el mando de la región militar del norte, a pesar de su juventud. Ambos supieron distinguirse por su brillantez, su dinamismo y su capacidad, especialmente Herodes, que consiguió liberar Galilea de las bandas que se habían formado allí. A pesar de todo, el pueblo no estaba con ellos por ser de origen extranjero (idumeo). En cualquier caso, así es como entró Herodes en la política y asumió por primera vez una función importante.

A la muerte de César (44 a. C.) estalló la segunda guerra civil. Antípatro, que había sido partidario de César, se encontró de pronto bajo Casio, gobernador de Siria, e inmediatamente se puso de su parte. Pero fue asesinado el año 43 a. C. Herodes, tras vengar la muerte de su padre, le sucedió a pesar de ser el hijo menor. Supo moverse con habilidad entre Casio y Antonio, y de este último obtuvo para sí y para su hermano la etnarquía de Judea.

Durante la invasión de los partos el año 40 a. C., Antígono, hijo de Aristóbulo, pudo recuperar por poco tiempo el trono paterno. Entró en Jerusalén y ordenó encarcelar a Fasael, que se suicidó. Se apoderó también de su tío Hircano y le hizo cortar las orejas para que, en adelante, no pudiera pretender al sumo sacerdocio. Durante tres años, protegido por los partos, pudo Antígono reinar y ocupar las funciones de sumo sacerdote.

Herodes logró huir con toda su familia al otro lado del Mar Muerto, a la ciudadela de Masada. Confió su familia a su hermano Josefo y procuró reanudar sus alianzas. No consiguió nada de los nabateos, así que pensó que podría defender su causa ante Roma, ya que Antonio lo apoyaba. Obtuvo de Antonio y Octavio el título de rey, volvió a Siria, donde el gobernador romano Ventidio consiguió expulsar a los partos. Herodes, por su parte, se apodera de Joppe y libera a su familia, pero sin poder conseguir más ventajas. Una vez más, acude al lado de Antonio, que está sitiando Samosata para acabar con los partos. Obtiene que le concedan tropas romanas mandadas por Sosio y con esta ayuda reconquista Galilea y a continuación todo el territorio, menos Jerusalén, donde se habían refugiado todos los adictos a la dinastía asmonea. Tras un asedio de cinco meses cayó Jerusalén. El año 37 Herodes mandó asesinar a Antígono, que se había refugiado en Antioquía. Al mismo tiempo se casaba con Mariamme, hermana de Antígono y uacute;ltima heredera, por tanto, al trono asmoneo. Así adquiría Herodes cierta legitimidad dinástica.

Herodes, cuya habilidad se había puesto de manifiesto a la muerte de César, confirmó su capacidad moviéndose hábilmente entre Antonio y Octavio. Respecto a las relaciones con Roma, su criterio era el de no dejarse nunca envolver directamente en las luchas por el poder, sino encontrarse en el momento adecuado siempre del lado del vencedor. El año 32 a. C. se declaró de nuevo la lucha entre Antonio y Octavio. Herodes se inclinó por el primero, pero sin participar activamente en la guerra. Tras la batalla de Actium (31 a. C.) se pasó al otro bando, sometiéndose personalmente a Octavio mientras éste se hallaba en Rodas (30 a. C.). Pero antes tomó la decisión de matar a Hircano y meter en prisión a Mariamme y a la madre de ésta, dando órdenes de matarlas en caso de que no regresara de su misión. Condujo su defensa ante Octavio con discreción y habilidad: reconoció abiertamente haber estado de parte de Antonio y consiguió convencer a Octavio no sólo de que le confirmara en sus cargos, sino incluso de que le confiara otros territorios (entre ellos Samaría y Perea, la región al este de Tiberíades).

Como vemos, era habilísimo en política exterior, pero no lo era menos en el gobierno del propio país. óptimo administrador, supo utilizar el dinero del Estado en algunas construcciones notables y otras obras públicas. Hizo reconstruir el templo de Jerusalén, agrandándolo notablemente. Al nado norte de éste edificó una fortaleza a la que dio el nombre de Antonia en memoria de su protector. Fueron varios los palacios edificados por él: el Herodion, al sureste de Belén, y Masada, junto a la ribera occidental del Mar Muerto, y otros más, también en Transjordania. En Masada es posible que el edificio redondo situado en la terraza intermedia, cuyas funciones nunca han sido adecuadamente explicadas, fuese la tumba de Mariamme. En honor de Augusto restauró primero Samaría, a la que llamó Sebaste (es decir, Augusta), y a continuación, mandó construir el puerto de Cesarea, pocos kilómetros al sur del Carmelo. Hizo edificar algunas fortalezas y renovó la puerta occidental de Jerusalén, dotándola de tres torres, llamadas respectivamente Fasael (en honor de su hermano), Mariamme (en honor de su esposa) e Hípico (en honor de un amigo), y allí edificó su propio palacio. Con la administración de Herodes el país fue próspero como nunca lo había sido y casi no conoció la desocupación. Pero lo que podríamos llamar el "buen gobierno" de Herodes no bastó para granjearle las simpatías de los gobernados, que seguían viendo en él a un extranjero, y además de carácter violento y cruel.

El año 29 dio la orden de matar a su suegra y a su mujer Mariamme, y más tarde a los dos hijos tenidos con ella: Alejandro y Aristóbulo. Poco antes de su muerte hizo matar a un tercero: Antípatro. Los fariseos y sus discípulos fueron duramente perseguidos por él.

Es posible (y no pocos autores lo toman en serio) que Herodes no estuviera completamente sano desde el punto de vista psicológico, que padeciese graves manías persecutorias y complejos de inferioridad. Este último elemento parece haber sido importante especialmente en las relaciones con su amadísima y odiada Mariamme, que por lo demás hacía todo lo posible por poner de relieve su origen real y el linaje plebeyo del marido. Las manías persecutorias debieron de haberle afligido durante toda su vida, haciéndole ver complots y traiciones en todos lados, incluso entre sus familiares más cercanos. Murió en el año 4 a. C.

Para un relato más detallado del reinado de Herodes, ver el apartado correspondiente a Historia de Israel.

FUENTES: "Historia de Israel y de Judá", de F. Castel. "Nueva historia de Israel", de J. A. Soggin.

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