| FLAVIO JOSEFO Historiador judío nacido el año 37 d. C. en Jerusalén; murió hacia el 101. Pertenecía a una distinguida familia de clase sacerdotal; sus antepasados paternos se remontan fehacientemente cinco generaciones; la familia materna se consideraba descendiente de los Macabeos. Recibió una buena educación y sus relaciones con gente de estudios selecta le permitió desarrollar sus dotes intelectuales, en especial su memoria y su capacidad de juicio. Su formación le convirtió en un experto en las tendencias y en los principales partidos político religiosos judíos de su época (los esenios, los fariseos y los saduceos). Impresionado por la gran importancia del partido fariseo y esperando afianzarse en una posición de influencia, se unió a dicho partido a los diecinueve años, aunque no compartía ni sus puntos de vista religiosos, ni los políticos. Se traslada a Roma el año 64 para conseguir de Nerón la libertad de algunos sacerdotes judíos encarcelados que eran amigos suyos. Tuvo éxito al ganar el apoyo para su causa de Sabina Popea, esposa del emperador. Pero, deslumbrado por la brillante vida de la corte de la metrópoli del mundo, se fue alejando de la sensibilidad estricta judía cuya lucha contra el paganismo consideraba inútil. Después de su vuelta a Jerusalén, en el año 66 estalló la primera revuelta judía. Como la mayoría de la aristocracia judía, al inicio no compartía la revuelta de sus conciudadanos pero a pesar de ello si compartía la defensa de su soberanía y de sus sentimientos religiosos ultrajados. Cuando la suerte parecía favorecer a los insurgentes, al principio, Josefo con el resto de la nobleza sacerdotal se unió a la rebelión y fue escogido por el sanedrín de Jerusalén comandante en jefe de Galilea. Como tal, estableció en cada ciudad un consejo de jueces cuyos miembros eran reclutados entre los que compartían sus puntos de vista políticos. Realizó las negociaciones diplomáticas y sus funciones militares con prudencia y astucia. Aunque al principio los judíos tuvieron éxito, cuando Vespasiano avanzó con el ejercito principal desde Antioquía a sangre y fuego, los insurgentes huyeron o se refugiaron en sus fortalezas. Josefo y otros valientes se defendieron durante seis semanas en la fortaleza, casi inexpugnable, de Jotapata. En el verano del año 67, cuando la guarnición estaba exhausta por la falta de agua y provisiones, los romanos tomaron la ciudadela; la mayoría de los patriotas fueron pasados a cuchillo, pero Josefo escapó de la masacre ocultándose en una cisterna de difícil acceso y saliendo de la misma sólo cuando estuvo seguro de que su vida sería respetada. Llevado a presencia del general victorioso, para congraciarse con Vespasiano hizo gala de su gran formación, lo que le permitió ser ascendido a caballero del imperio, junto con Tito, hijo de Vespasiano. A pesar todo ello, Vespasiano lo mantuvo como siervo (de acuerdo con la costumbre fue considerado esclavo de guerra) y sólo lo liberó en el año 69, cuando fue nombrado emperador Vespasiano. Como un liberto de Vespasiano Josefo asumió, de acuerdo con la costumbre romana, el apellido de Vespasiano Flavio. Él acompañó al emperador incluso hasta Egipto, y cuando este último pasa a su hijo la tarea de continuar la Guerra judía, entonces se une al séquito de Tito, y es testigo ocular de la destrucción de la Ciudad Santa y su Templo. A su propio riesgo personal intenta persuadir a los judíos a que se rindan. Cuando la ciudad es conquistada se fue a Roma con Tito, y tomó parte en el último desfile triunfal. Pero todas estos acontecimientos no hirieron el sentimiento de honor patriótico de Josefo; al contrario, acepta el privilegio de la ciudadanía romana en reconocimiento a sus servicios, y la concesión una renta anual y tierras en Judea. Los emperadores subsiguientes, Tito y su cruel hermano Domiciano, también se comportaron amablemente con Josefo, y confirmaron su trato con muchas pruebas de distinción. En la corte le permitieron dedicarse hasta su muerte con exclusividad a su trabajo literario. Falleció durante el reinado de Trajano (probablemente el año 101). Tanto en su vida como en sus escritos siguió una política a medias entre la cultura judía y la pagana, por lo que sus compatriotas judíos lo acusaron de inmoral e hipócrita. Sus obras están escritas en un griego elegante, para influir en la clase elegante de su tiempo y combatir diversos prejuicios antijudíos. La primera obra de Josefo fue la "Guerra judía" (Peri tou Ioudaikou polemou), en siete tomos. Se basa principalmente en notas de sus memorias tomadas durante la guerra (66-73 d.C.), en las memorias de Vespasiano, y en las cartas del rey Agripa. Mientras su historia de los sucesos bélicos es fiable, el relato de sus propios hechos esta muy impregnada de una exagerada autoadulación. Esta obra ha servido de base para numerosas novelas históricos, en tiempos modernos "Lucius Flavius" por J. Spillmann, S. J., y "El fín de Judá" por Anton de Waal. El segundo trabajo de Josefo, "Las Antigüedades Judías" (Ioudaike Archaiologia), contiene en veinte libros la historia entera de los judíos desde la creación hasta el comienzo de la revuelta el 66 d. C. Los libros I-XI están basados en el texto de los Setenta, aunque también se recogen relatos tradicionales de tiempos antiguos vivos entre los judíos de su época. También cita numerosos pasajes de autores griegos cuyos escritos se han perdido. Por otro lado, hizo concesiones al gusto de sus contemporáneos gentiles con omisiones arbitrarias, del mismo modo que embellece gratuitamente ciertas escenas. En los libros XII-XX narra la historia anterior a la venida de Cristo y la fundación del cristianismo, y es nuestra única fuente para muchos hechos históricos. En estos libros el valor de sus declaraciones esta reforzado con la inserción de fechas que están contrastadas por otras fuentes, y por la cita de documentos auténticos que confirman y complementan la narrativa bíblica. La historia de Herodes el Grande se contiene en libros XV-XVII. Los relatos de los sucesos del levantamiento y de las relaciones entre de las diferentes sectas judías son de gran importancia; sus informaciones respecto a la corrupción de las costumbres e instituciones judías antiguas, su testimonio de los conflictos internos de los judíos, y por último su relato de la última guerra con los romanos que acabaron con la independencia nacional de los judíos, son de gran importancia como fuentes históricas. En su "Autobiografía" (phlaouiou Iosepou bios), escrito el año 90 d.C., Josefo intenta, no sin esfuerzos de auto alabanza, justificar su posición al comienzo de la rebelión judía. En su estructura e idioma el libro esta influenciado probablemente por los escritos de Nicolás de Damasco al que Josefo también había citado en las "Antigüedades". Su obra titulada "Contra Apion" (Kata Apionos), dividida en dos libros, es una defensa de la gran antigüedad de los judíos y una refutación de las acusaciones que había vertido contra ellos el gramático Apion de Alejandría en una embajada ante el emperador Calígula. Los primeros cristianos eran lectores estudiosos de "la Historia de los judíos" de Josefo. Padres de la Iglesia, como San Jerónimo y San Ambrosio, historiadores tempranos de la Iglesia, lo citan a menudo en sus obras. San Juan Crisóstomo lo califica de testimonio útil para la historicidad de los libros del Antiguo Testamento. Las obras de Josefo se tradujeron al latín en una fecha temprana. Fuente: Enciclopedia Católica. |