| EL SANTO SEPULCRO
La iglesia cristiana más antigua que hubo en este lugar se construyó antes del 66 d. C.; no obstante, posteriormente, el área fue arrasada durante la segunda revuelta judía por el emperador romano Adriano, quien mandó erigir allí (siguiendo la costumbre romana de levantar edificaciones de cultos paganos en los lugares sagrados de otras religiones, sobre todo si eran subversivas), un templo dedicado a Venus (135 d. C.). Esto, sin embargo, ayudó a Helena, madre del emperador Constantino, a identificar el lugar. En el año 326, envuelto en una controversia eclesiástica, Constantino llamó a una reunión de obispos de todo el imperio, incluyendo a Macario, obispo de Aelia Capitolina, como se llamaba aún Jerusalén. Helena quedó muy impresionada con el relato del obispo acerca del lamentable abandono en que se encontraban los lugares consagrados por la vida y muerte de Jesús y con la bendición, autoridad y fondos de su hijo partió para visitar Tierra Santa. Constantino mandó erigir una iglesia cuya construcción concluyó en el 348 d. C. La autenticidad del sitio depende de aceptar como cierto que en tiempos romanos este lugar se encontraba extramuros, cosa que algunos ponen en duda pero que parece ser confirmado por las excavaciones realizadas bajo la Hospedería de Alejandro. En realidad se trata de dos iglesias: una circular construida sobre el sepulcro y otra de planta basilical construida enfrente sobre el lugar de la crucifixión. Los cruzados, ante la necesidad de contar con un lugar amplio ante la afluencia de peregrinos, unieron las dos iglesias formando un espacio único. La iglesia de Constantino, destruida por los persas en el 614 d. C., fue reconstruida dos años después por los griegos. Tras la rendición de Jerusalén en el 638 d. C., el califa Omar Ibn al-Jattab no quiso orar en ella por miedo a que, al hacerlo, incitara a sus seguidores musulmanes a convertir el edificio en una mezquita. No obstante, tal generosidad tuvo funestas consecuencias, ya que si la iglesia se hubiera convertido en una mezquita no hubiera sido destruida por el califa fatimí Hakim en 1009. El interior de la iglesia es un laberinto de pesada arquitectura de piedra y nichos oscuros ennegrecidos por el humo. Nada más entrar está la Piedra de la Unción, motivo de varios altercados interconfesionales, ya que aunque esta losa de piedra caliza sea común a las seis confesiones, cada una insiste en colgar sobre el lugar sus propias lámparas, lo que da lugar a una confusión algo incómoda. Según la tradición griega, la piedra marca el lugar del Descendimiento, aunque los católicos romanos opinan que en este lugar fue donde se ungió a Jesús antes de ser enterrado. A la izquierda se encuentra la Piedra de las Tres Mujeres, justo en el sitio donde los armenios creen que permanecieron junto a la cruz las mujeres.
Ante la rotonda está el Katholikon o principal iglesia cruzada, que ahora pertenece a los ortodoxos griegos. Más allá, en el extremo oriental, se encuentra la capilla armenia de Santa Elena, una construcción abovedada del siglo XI que se ha convertido en uno de los lugares más atractivos de la iglesia; sus muros de piedra están cubiertos de cruces incrustadas por los peregrinos medievales. Desde allí, trece estrechos escalones bajan a la capilla del Hallazgo de la Cruz. Situada en la azotea que hay justo encima de la capilla de Santa Elena, la Aldea Etíope o Deir al-Sultan (monasterio del Sultán) alberga una comunidad de monjes etíopes desde 1808, cuando los "cinco grandes" (católicos romanos, ortodoxos griegos, ortodoxos armenios, ortodoxos sirios y coptos) los expulsaron de la basílica del Santo Sepulcro después de que se perdieran sus documentos en el incendio. Aún así, este santuario todavía es objeto de altercados legales, esta vez con los coptos egipcios, quienes reclaman su derecho sobre esta parte de la azotea. La iglesia copta de Egipto ha prohibido a los peregrinos egipcios visitar Jerusalén hasta que no se solucione el conflicto. Ha habido etíopes en la región desde el siglo IV, lo que los convierte en la comunidad cristiana expatriada más antigua de todas. |