TUMBAS DEL PERIODO DEL SEGUNDO TEMPLO

La gran cantidad de sitios de entierro y tumbas en Jerusalén que datan del periodo del Segundo Templo ha sido tema de intensiva y continua investigación. Cientos de tumbas, elaboradas y simples, fueron labradas en las laderas de los montes que rodean la ciudad, principalmente en el Monte de los Olivos y en el Monte Scopus.

Las cavernas sepulcrales estaban en uso continuo durante varias generaciones por miembros de la misma familia. Las tumbas simples tienen una apertura estrecha, sellada con una piedra cuadrada. Varias docenas de tumbas particularmente grandes tienen espléndidas fachadas, decoradas con columnas en cuyo extremo superior hay gabletes con motivos florales. En el primer entierro los cuerpos eran colocados en nichos o en bancos tallados en las paredes de las cámaras sepulcrales. El rasgo más típico de las tumbas judías de ese periodo son las arcas con tapa (osarios). Miles de ellas han sido encontradas en Jerusalén, algunas decoradas o con inscripciones. Son testimonio de la práctica prevaleciente de juntar los huesos de los difuntos para un segundo entierro.

A continuación se describen algunas de las más importantes tumbas.

Hay tres tumbas famosas en el Valle de Kidrón:

Yad Avshalom (monumento a Absalón, tradicionalmente atribuido al rebelde hijo del rey David). Es el monumento funerario más completo que data del periodo del Segundo Templo. El monumento, de 20 metros de alto, está compuesto por una estructura inferior cuadrada cortada en la roca, que contiene una pequeña cámara sepulcral. Sus cuatro lados exteriores están decorados con columnas jónicas que sostienen un friso dórico. La parte superior del monumento es redonda y está construida de piedras que sostienen un techo cónico cóncavo. El monumento probablemente fue pensado para servir como nefesh (memorial) para la cueva adyacente de Jeosafat (rey de Judá, cuyo nombre lleva esta sección del Valle de Kidrón); contiene ocho cámaras sepulcrales y tiene una elaborada fachada decorada con un relieve de hojas de parra y racimos de uvas.

La tumba de Zejariah (según la tradición el profeta Zacarías o, según otra tradición, el padre de Juan Bautista) es un monumento monolítico cortado en la roca que lo rodea. Es una estructura cuadrada de 5 x 5 metros decorada con columnas jónicas y coronado por una pirámide. Probablemente servía como nefesh para la tumba debajo de él.

La tumba de Benei Hezir se caracteriza por su fachada con dos columnas dóricas, labrada en la roca. Tiene una larga inscripción en hebreo tallada en el arquitrabe sobre las columnas, que la identifica como la tumba y nefesh de varios miembros de la familia Hezir que sirvieron como sacerdotes en el Templo y fueron sepultados en la tumba debajo, cortada en la roca. El nombre aparece en la nómina sacerdotal del Primer Templo (1 Cro 24, 15) y nuevamente entre los sacerdotes que sirvieron en el Segundo Templo (Neh 10, 20).

Al norte de la ciudad vieja se encuentra la tumba más grande de Jerusalén, la de la reina Helena de Adiabene. Tiene una gran y amplia escalinata que conduce a un gran patio (27 x 26 metros), todo cortado en la roca por debajo del área de superficie alrededor. La fachada de la tumba misma tienen dos columnas jónicas que sostienen un arquitrabe adornado con hojas talladas, y encima de él, un friso decorado con un racimo de uvas y hojas de acanto. La entrada a la caverna sepulcral, que contiene varias cámaras, está bloqueada por una gran piedra. Uno de los sarcófagos tiene la inscripción "Reina Tseddan". La tumba se atribuye a Helena, reina de Adiabene (en el norte del Irak moderno), que se convirtió al judaísmo en el siglo I d. C. y construyó un palacio en Jerusalén. De acuerdo con Flavio Josefo, murió en Adiabene, pero sus restos y los de los miembros de su familia fueron trasladados para ser enterrados en el mausoleo que había construido en Jerusalén.

La tumba de Jasón, en el barrio de Rejavia, consiste en un patio y una única columna dórica (en lugar de las dos usuales) que decora el vestíbulo en la entrada a la cámara sepulcral, sobre la cual se construyó una pirámide. Varias embarcaciones fueron dibujadas a carbón en las paredes del vestíbulo, y entre varias inscripciones en griego y arameo, una lamenta al fallecido Jasón: "Un poderoso lamento por Jasón, hijo de P... (mi hermano) paz... que construyó para sí una tumba, Mayor, descansa en paz".

Al noroeste de la ciudad vieja, en el barrio aún llamado Sanhedria, están las llamadas Tumbas del Sanedrín, por contener varias docenas de nichos, aproximadamente el número de miembros del Sanedrín, del cual deriva el nombre popular de las tumbas.

La Tumba de Simón es una tumba simple ubicada al norte de la ciudad vieja. Uno de los osarios encontrados en la tumba lleva una inscripción en arameo que dice "Simón, el constructor del Templo". El osario presumiblemente contenía los restos de un hombre que participó en la construcción del Templo de Herodes. Aparentemente éste era un motivo de orgullo que quiso registrar para la posteridad. Entre los huesos depositados en otro osario había dos huesos de talón perforados por un gran clavo de hierro, lo que indica una crucifixión. Este extraño hallazgo fue publicitado ampliamente.

Al norte de la ciudad vieja fue descubierta la tumba de Abba. En la pared sobre el depósito hay una inscripción en arameo en antiguas letras hebreas (muy inusual en el periodo del Segundo Templo) que dice: "Yo, Abba, hijo del sacerdote Elez(ar), hijo de Aarón el sumo (sacerdote). Yo, Abba, el oprimido y el perseguido, que nació en Jerusalén y fue llevado al exilio de Babilonia y trajo (de regreso a Jerusalén) a Matatí(as), hijo de Jud(á), y lo sepultó en una caverna que yo compré por donación". La intrigante inscripción provocó muchas especulaciones para identificar a la persona sepultada en el lugar. Una teoría es que los restos dentro del decorado osario pertenecen al último rey de la dinastía asmonea, Matatías Antígonos, quien, en un intento por restaurar la independencia de los asmoneos, buscó la ayuda de los partos. Fue derrotado y asesinado por los romanos en el año 37 a. C.

La cueva de Jeosef hijo de Caifas es una pequeña tumba ubicada al sur de Jerusalén. El más elaborado de sus osarios cuenta con la inscripción en hebreo "Jehosef bar [hijo de] Caifa (Caifás)". El nombre de Caifa (Caifás) aparece aquí por primera vez en hebreo y en un contexto arqueológico. Era un apodo, según relata Flavio Josefo: "Josef, a quien llaman Caifa". Es también el nombre del sumo sacerdote que es mencionado en el Nuevo Testamento y de cuya casa en Jerusalén salió Jesus entregado a Poncio Pilato.

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